POEMAS, RESEÑAS DE LIBROS DE POESÍA, TRADUCCIONES, HAIKU.

jueves, 28 de septiembre de 2017

SI DESCUBRES UN INCENDIO, de Alberto Conejero. Reseña en VÍSPERAS

SI DESCUBRES UN INCENDIO
Alberto Conejero
La Bella Varsovia / Poesía
Septiembre 2016.

Muy lejos quedan ya los tiempos en que los dramaturgos o novelistas de prestigio tenían que ceder inevitablemente a la tentación de escribir poesía, con diversa fortuna, como fue el caso del Duque de Rivas, Valle-Inclán o Unamuno, o en los que los grandes poetas probaban su talento en el campo del teatro, también con diversa fortuna, como Espronceda, Alberti o Miguel Hernández, por ejemplo -nos reservamos intencionadamente a García Lorca por ser tan importante como poeta como dramaturgo, y en ambos casos, cima. Más lejos aun, hasta el Siglo de Oro, hay que retroceder para dar con un momento en el que la medida de un escritor la daban el número de “comedias” representadas y el éxito de las mismas y no la publicación de poemas u obras de cualquier otro género -recordemos aquí que el propio Cervantes se tenía por un escritor mediocre al ser un autor teatral y un poeta fracasado, a pesar del éxito que vivió su obra novelística.
            No es fácil encontrar a lo largo de nuestra literatura, aparte del citado García Lorca y sobre todo de Lope de Vega, escritores que cultiven con igual predicamento teatro y poesía, y desde luego no en las últimas muchas décadas, marcadas en cuanto a la creación y el consumo literarios por una preferencia de la novela o incluso la poesía en detrimento del género teatral y, en general, por una mal entendida especialización que pretende relegar a los autores y expertos en unas disciplinas en puros analfabetos respecto a otras. Por eso, no deja de sorprendernos, y a la vez de alegrarnos, la incursión de un dramaturgo con una obra consolidada y reconocida en el terreno, siempre incierto y arriesgado, de la lírica.
            Es el caso de Alberto Conejero (Jaén, 1978), quien, a pesar de su juventud, es autor de un importante número de éxitos teatrales: Húngaros (2000), Premio Nacional de Teatro Universitario; Cliff (2010), Premio Leopoldo Alas Mínguez de Literatura dramática; Ushuaia (2013), premio Ricardo López de Aranda; La extraña muerte de una cupletista contada por su perro (2014); La piedra oscura (2014), distinguida con el premio a la mejor creación original, con el Premio Ceres, el Premio José Estruch y con el Max al mejor autor teatral 2016; y Todas las noches de un día (2015), con el que ganó el III Certamen de Textos Teatrales de la AAT.
Con Si descubres un incendio se inicia en la poesía, pero el libro no parece en modo alguno una colección de primeros poemas al uso; no nos parecen precisamente estos versos los de un poeta diletante. “Desde antes que el teatro le abriera paso, Alberto Conejero estaba con el fuego en la poesía”, dice Antonio Lucas al inicio del prólogo; y poco más adelante: “A. C. se estableció en la literatura con una sed que desaloja ríos, pero en el principio fue el poema.” Y en el segundo párrafo, insiste: “Hablamos de un hombre de teatro, pero no solo. Hablamos de un poeta.” En realidad, gran parte del prólogo, más creativo que académico, está dedicada a reforzar esta idea: “La poesía es la forma de pensar de este hombre.”
El título, que, como es costumbre, da nombre también al primero de los treinta textos que componen la colección y a la primera de las tres partes en que se estructura, está prestado de un mensaje de emergencia de los trenes de la RENFE, “Si usted descubre un incendio o humo en algún vehículo”, y figura como cita de ese primer poema. Pero la cita que introduce el libro, de uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX, Tennessee Williams, es sin duda más aclaratoria: “y así es como la gente muere incendiada en los hoteles”, y no es, como sería de suponer, de ninguno de sus dramas, sino del poema CONTAR LA VIDA, de su libro de 1956 En el invierno de las ciudades. Williams publicó en 1977 una segunda entrega de poemas, Androgyne, mon amour, y nos deja –¡oh, casualidad!- otro ejemplo de prestigioso autor teatral seducido por la magia de los versos.

Según el poema CONTAR LA VIDA, “después de acostarte por primera vez con alguien (…) enciendes un cigarrillo (…) uno de ustedes cae dormido, y la otra persona hace lo mismo con un cigarrillo encendido en la boca, y así es como la gente muere incendiada en los hoteles.” Si descubres un incendio es un libro de amor que quiere apartarse de los tópicos de la tradición poética amorosa que representan Neruda, Salinas, Hernández, Aleixandre u Otero, por citar algunos de los autores más representativos; se pretende actualizar temas clásicos, como el carpe diem o tempus fugit, de los que nunca se aleja. Hay mucho amor en los trenes (ver CRUCIGRAMA, en página 31), en los hoteles (el soneto HABITACIÓN DE HOTEL, en la 44), en las ciudades (ERA MADRID LA CIUDAD, 45). Hay, en fin, mitología, Shakespeare, astronomía, largos viajes y hondas lecturas en la mochila, hay también un recuerdo a Carlos Bousoño y a María Zambrano, y hay hasta un romancillo con título en inglés: ANOTHER FUCKING LOVE SONG (página 38). Demasiada labor, demasiada sabiduría, demasiada inspiración, demasiada pasión, demasiadas cosas buenas para dejarlas pasar.

sábado, 14 de enero de 2017

POESÍA COMPLETA de César Simón


Resultado de imagen de cesar simón poesía completa

Reseña completa publicada en la revista VÍSPERAS el 12 de enero:





César Simón POESÍA COMPLETA

Edición y prólogo de Vicente Gallego
Bibliografía de Begoña Pozo
EDITORIAL PRE-TEXTOS
BIBLIOTECA DE CLÁSICOS CONTEMPORÁNEOS
Valencia, abril de 2016.






 “Hay un saber más alto que la inteligencia,
un ligero fervor silencioso y musical,
(…);
es un acorde discursivo, de palabras mudas,
pero que nada afirman, sin embargo.”

César Simón, QUINCE FRAGMENTOS SOBRE UN ÚNICO TEMA, V.


Desde hace ya mucho tiempo, Vicente Gallego –se nos permitirá aquí no detenernos en sus datos biográficos ni en su amplia y reconocida trayectoria literaria- ha dado sobradas muestras de su admiración y devoción por los poetas “del 50”. Y no sólo por los más conocidos, imprescindibles, los incluidos en la antología de Juan García Hortelano que dio nombre al grupo, EL GRUPO POÉTICO DE LOS 50 (Taurus, 1978), y en la que están, por ejemplo, Ángel González, Caballero Bonald, Gil de Biedma, Valente, Brines o Claudio Rodríguez, sino también por otros nombres que, por diversas razones, no disfrutaron entonces del mismo reconocimiento. De hecho, a algunos de ellos (Ricardo Defarges, Luis Feria, Manuel Padorno, Fernando Quiñones, Tomás Segovia y César Simón) les dedicó hace ya once años la antología EL 50 DEL 50 (SEIS POETAS DE LA GENERACIÓN DEL MEDIO SIGLO), (Pre-Textos, 2006), una colección que, si no completa, sí complementa con justicia la de García Hortelano. Además, el mismo año publica también la antología poética de César Simón UNA NOCHE EN VELA (Renacimiento, 2006), que hoy queda acaso como un ejercicio preparatorio o un adelanto del volumen que presentamos ahora.
            Este contexto justifica sólo en parte la edición de esta POESÍA COMPLETA de César Simón a cargo de Vicente Gallego; la otra parte se fundamenta en la estrecha relación personal, de conocimiento y amistad, que existió entre ambos poetas, prácticamente desde el momento en que Gallego empezó a asistir a las clases de Simón en la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia y hasta el fallecimiento de éste en 1997. Porque en este libro ha puesto Gallego mucho más que su intención, su saber y un prólogo, por cierto, de más de sesenta páginas: junto a su deseo de homenajear y reivindicar la figura de César Simón como uno de los grandes poetas en castellano del último tercio del pasado siglo, ha puesto también, y sobre todo, su corazón. Sólo así, y contando incondicionalmente con la decisión cómplice y acertada de los responsables de una gran editorial especializada en poesía, Editorial Pre-Textos en este caso, se explica el resultado final.
            Y el resultado final no es simplemente “un libro más de poesía”. Ni mucho menos. La edición, impecable, a cargo de Manuel Ramírez, en la colección BIBLIOTECA DE CLÁSICOS CONTEMPORÁNEOS, en tapa dura, de tela, de extremadamente cuidada encuadernación, en fino papel, sonoro y noble, reúne por primera vez la totalidad de los libros de poemas de C.S. ya editados, desde PEDREGAL, de 1970, a EL JARDÍN, de 1997, más el inédito EL PRETEXTO Y EL FERVOR, además de otros textos no incluidos por su autor en segundas ediciones, y otros que nunca antes fueron publicados en ninguna colección, en Apendices I  y II, respectivamente. Contiene también, al cuidado de Begoña Pozo, una amplia sección de bibliografía actualizada y dividida en dos partes: la primera, “Sobre César Simón”, a su vez ordenada en Artículos, Libros, Entrevistas y Antologías; la segunda, “De César Simón”, ordenada en Artículos, Ensayos, Narrativa, Traducciones y Poesía.
            Por todo esto, ya podríamos decir que estamos ante un producto distinto y sobresaliente en el ámbito de la reciente edición de poesía y sólo por ello valdría la pena poseer el volumen, y manejarlo, abrirlo, hojearlo, leerlo, tenerlo a mano y releerlo con cierta frecuencia, descubrirlo y redescubrirlo, volverse a deleitar con su tacto e ir revisitando alguna de sus páginas preferidas. Pero hay más:
A veces, de vez en cuando, nos encontramos con obras completas de grandes autores, con inéditos incluso, bibliografía necesaria, en ediciones de alta calidad, con interesantes prólogos o estudios introductorios; a veces, muy de vez en cuando, otros son capaces incluso de revelar a un escritor hasta entonces no lo suficientemente conocido para un gran número de lectores, y lo revalorizan, situándolo ya para siempre junto a los clásicos; pero muy, muy pocas veces nos encontramos, además de con todo lo anterior, con un acto tan sincero y logrado de reconocimiento y veneración por el poeta, el maestro y el amigo. Y esto es lo que consigue Vicente Gallego con esta POESÍA COMPLETA de César Simón. Y lo consigue con el insólito, emotivo, admirable prólogo, en el que pone ese corazón al que nos referíamos en el segundo párrafo.
En las 10 partes en que se divide ese extenso prólogo, hay espacio para casi todo. No hay sitio ni tiempo, sin embargo, para detalles biográficos, y a explicarlo dedica la primera parte, Biografía y vivencia; explicación que remata al comienzo de la segunda, Un clásico en el corazón: No es sólo mi deseo de ir a lo que importa lo que me ha llevado a dejar aparte los temas biográficos y de circunstancia literaria; es, sobre todo, mi profundo respeto por la obra del maestro.” A sus “rasgos humanos” más personales destina Gallego la siguiente, La vida secreta, la más larga –casi un tercio del total- y sin duda la más interesante por desvelar lo más hondo, lo más intimo del poeta y del hombre, y que sólo quien compartió con él momentos de confianza y fraternidad puede conocer y dar a conocer. En la cuarta parte, Cuidado con el adjetivo, se dan algunas claves, utilísimas, a la vez que se comentan algunas reflexiones del propio C.S. para entender su poesía, algunas de las cuales siguen después en la titulada Un místico de la carne. Y, en realidad, independientemente del título de cada parte del prólogo, a lo largo de todas ellas, podemos encontrar, perfectamente armonizados, valiosísimos datos, recuerdos, citas y digresiones sobre poesía y existencia, todo en un sentido, terapéutico monólogo  de Vicente Gallego que es también diálogo con César Simón y con el lector, y que en el fondo, insistimos, quisiera ser testimonio definitivo de  gratitud y amor, que nos conmueve y nos convence. Se nos permitirá, para terminar y dar una ligera idea de lo dicho, copiar las últimas líneas:
“Esto es todo. Sólo me queda reiterar la profunda gratitud que siento, pues la vida ha decidido encargarme del cuidado de una de las obras más auténticas que ha dado la poesía española escrita en nuestro idioma, la de ese hombre al que tanto quise. César, maestro, hermano, levanto mi copa con una bebida amarga –como tú lo hacías, viejo solitario-, y brindo por ti, por todo  lo vivo y verdadero que en ti cantaba, que seguirá siembre cantando.”

A partir de aquí, 350 densas páginas de poesía indiscutible y necesaria, cerrando un conjunto que a nuestro criterio hace de esta publicación uno de los mejores libros de poemas –si no el mejor- de entre los muchos editados en nuestro país durante el año 2016.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Reseña de UNA PAZ EUROPEA en VÍSPERAS

UNA PAZ EUROPEA, de FRUELA FERNÁNDEZ
PRE-TEXTOS, POESÍA.

Unos versos de John Berger, “El último día del año/ todas las ciudades pueden disfrazarse/ Impune, Marrakech se prueba la ropa de París/ Madrid se sueña libre/ Trinidad revienta el Banco de Inglaterra”, anteceden, a modo de cita, al conjunto de quince poemas o partes que conforman Una paz europea, del asturiano Fruela Fernández (Langreo, 1982).
            Estos versos del pintor, crítico de arte y escritor británico, así tomados aisladamente, en apariencia, poco o nada tendrían que ver con la obra que nos ocupa, Una paz europea. Sin embargo, nada más alejado de la realidad: esas líneas corresponden a uno de los textos de Un séptimo hombre, “un libro de imágenes y palabras sobre la experiencia de los trabajadores emigrantes en Europa”, según es su subtítulo. Este libro apareció originalmente en 1974, “hecho” por: Sven Blomberg, pintor; Richard Hollis, diseñador; Jean Mohr, fotógrafo, y el propio John Berger. En 2002, aparece la versión en español, a cargo de Eugenio Viejo, publicada por Huerga y Fierro. La explicación a tan singular título viene en el primer texto del álbum, el poema de Attila József, El séptimo, pero viene también, sobre todo, en el segundo, un párrafo que copiamos íntegramente:
“En Alemania (y en Gran Bretaña) uno de cada siete trabajadores manuales es emigrante. En Francia, Suiza y Bélgica alrededor del 25% de la mano de obra industrial la forman extranjeros.”
Otros versos, ya en la página 17, “No es posible la paz/ mientras algún estado/ pueda adquirir a otro/ por herencia/ cambio/ o donación”, adaptación del punto 2 de la breve pero impensablemente adelantada y vigente obra de Kant, La paz perpetua, de 1795, terminan de darnos el marco, los parámetros y la motivación suficiente para adentrarnos en la lectura de estas escuetas 45 páginas.
Así,  lo que vamos a encontrar en Una paz europea es una poliédrica reflexión, desde la experiencia propia y familiar, sobre el fenómeno que generalmente conocemos como “emigración” a lo largo de las últimas décadas en Europa, y sus causas y repercusiones económicas, sociales, políticas y culturales, y cómo éstas han marcado y marcan a las personas, a las familias,  a los pueblos. A otro nivel, se insiste en la idea del desequilibrio entre los países del norte, más industrializados y necesitados de mano de obra, y los países del sur, necesitados de trabajo. El ajuste puntual y transitorio de esas dos “necesidades” es lo que, en irónica propuesta, entendemos aquí como “paz europea”.
Una paz europea se editó a principios de este año en Pre-Textos, Poesía, tras obtener el último Premio “Villa de Cox” (Alicante). Es la tercera obra poética que publica F. Fernández (Círculos, KRK, 2001 y Folk, Pre-Textos, 2013), que trabaja como profesor en la Universidad de Newcastle y ha centrado gran parte de su labor literaria en la traducción del alemán, inglés y francés de un gran número de poetas europeos: H. von Hofmannsthal, M. Louise Kashnitz, Kevin Venneman, Patrick Kavanagh, Georges Rodenbach o Kafka, entre otros. A pesar de lo expuesto y pese al título, y aunque no está exento de una marcada preocupación social, el libro quiere huir de lo trascendental o lo ambicioso, y de lo meramente reivindicativo. En realidad, el autor va intencionadamente hacia lo más personal: sus vivencias como expatriado (el libro está escrito a lo largo de 3 años entre Langreo y las ciudades británicas Hull, Leeds y Newcastle),  su familia de emigrantes y exiliados, su pasado y el de sus antepasados (“Treinta quilómetros en trescientos años,/ como si lleváramos el valle a cuestas”, página 11), su habla y sus raíces (son muy numerosos los términos de léxico asturiano y de topónimos del concejo de Langreo); y algunas experiencias duras, seguro que imborrables por mucho tiempo, y los aprendizajes que inevitablemente conforman su bagaje cultural y vital. Alguna pregunta no explícita parece sobreentenderse bastante antes de terminar la lectura: “¿Qué ha cambiado en este ámbito desde que sus abuelos emigraron tras la guerra?”. Con anterioridad, en la página 13, leíamos: “Mi exilio y tu éxodo no caben en una cama de noventa”.
Es, por tanto, un libro de memorias, de la propia y de la colectiva de una familia, como tantas, de tradición emigrante, y son esas memorias el hilo conductor de la historia de viajes y regresos, nostalgias y reencuentros que se va desgranando a lo largo de las quince escenas descritas los poemas. El primero de ellos, por ejemplo, nos encuadra perfectamente en el escenario principal de esa historia: el valle de Langreo (“Por la parte de Paxumal…”), nos presenta a los personajes, el narrador y su abuelo, y nos pone en situación: un diálogo intergeneracional (“Mi abuelo saca dos sillas de la chabola. Sabes tú que nun soy de muchu charrar, pero le gusta que nos sentemos fuera…”). El último nos lleva a la Plaça del milicia desconegut, hoy Plaça de Sant Josep Oriol, en Barcelona, a ver cómo han cambiado las cosas en ese espacio desde 1936 (“Ahora a la guerra de clase la llaman turismo, la llaman movilidad.”).


Septiembre de 2016.








lunes, 8 de agosto de 2016

ESCRITO EN LA NADA



Quiero un poema que no diga nada
Y que no hable de nadie, o de cualquiera;
Que no dé cuenta de la primavera
O la pasión que enciende una mirada.

Y que esté en todas partes, y en ninguna,
Y que nadie leer ni oír pudiera.
Yo no sé qué poema, o qué quimera
Quiero: perro ladrándole a la luna.

Repudio el son de las caligrafías,
La voz que significa mucho o cuánto,
Y pone límites al infinito.

Temblor del alma, rosa de los días,
Busco, y no sé por qué lo busco tanto,
Un poema que esté en la nada escrito.



domingo, 19 de junio de 2016

JOSÉ ÁNGEL VALENTE: LA FASCINACIÓN DEL ENIGMA

Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema habría de retener aún de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma.

Éste es el comienzo de "Cómo se pinta un dragón", el texto introductorio de Obra poética 2. Material Memoria (1977-1992), de José Ángel Valente. De esta antología, una pequeña muestra:
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CINCUENTENARIO

En mi cincuenta aniversario,
sólo o mientras se oía
el piano de Thelonios Monk mojado por la lluvia,
tuve dolor costal y fuertes calenturas,
coloqué como pude un pétalo en el ojo
izquierdo,
saqué brillo al derecho y fuerzas de miseria
y en posición marcial saludé a las modestas
señales del futuro.

(Mandorla, 1982)




XXXIII

Ya te acercas otoño con caballos heridos,
con ríos que rebasan el caudal de sus aguas,
con sumergidos párpados y vientres sumergidos,
con jardines que bajan descalzos hasta el mar.

Ya llegas con tambores enormes de tiniebla,
con largos lienzos húmedos y manos olvidadas,
con hilos que deshacen en aire la montaña,
con lentas galerías y espejos empañados,
con ecos que aún ocultan lo que ha de ser su voz.

Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros
desciende oscuro al fondo de tu luz.

(El Fulgor, 1984)

domingo, 13 de diciembre de 2015

CANICAS en la ANTOLOGÍA DE JUEGOS DE LA INFANCIA "ANTÓN PIRULERO"

/anton-pirulero/

Recientemente publicada por AMUNI (Asociación de Amigos del Museo Pedagógico y del Niño) y la Diputación de Albacete, bajo la coordinación de Pilar Geraldo Denia, esta Antología de juego de la infnacia "Antón Pilrulero", reúne poemas con esa temática de más de cien poetas españoles vivos.
Mi contribución es este "Canicas", que me lleva, treinta y siete años atrás, a mi primer curso de BUP en el Instituto de Casas Ibáñez (Albacete) -hoy IES "Bonifacio Sotos"-, cuando estaba en el edificio viejo de la carretera de Alcalá del Júcar.




CANICAS

(Curso 1978-79)



Estoy estableciendo con las manos

medidas y distancias

entre el aire frío y la tierra húmeda,

en la tensión y el golpe

que ha de dejar la bola

justo ahí, a un palmo del gua.


Estoy estableciendo en el oído

minutos y distancias,

sobre el vocerío del patio,

entre el impacto del cristal

y el timbre que señala

el final del recreo.


Estoy estableciendo en la memoria

distancias y distancias

entre el tiempo y la nada, entre mis años

de ahora y el deseo, siempre vivo,

de una partida más,

aquel invierno, único y dorado.

Valentín Carcelén,
Albacete, 31 de marzo de 2015.


lunes, 12 de octubre de 2015

RESEÑA DE "DÍ, REALIDAD" (RAFAEL FOMBELLIDA) EN LA REVISTA VÍSPERAS.

DÍ, REALIDAD
Rafael Fombellida
CALLE DEL AIRE, 135, RENACIMIENTO
Sevilla, 2015

Di, realidad, séptima entrega poética, tras la colección de haikus Montaña roja y la antología La propia voz, de Rafael Fombellida (Torrelavega, Cantabria, 1959) fue publicado el pasado mes de marzo por la casa sevillana Renacimiento en su colección Calle del aire. El formato de esta colección es especialmente apropiado para este libro, ya que su amplitud permite que la longitud de los versos y la extensión de los 30 poemas se ajusten con bastante exactitud al ancho de página, en el caso de los versos, y al uso de dos páginas en el caso de los poemas, de manera que sólo tres versos en el poema UNA CABEZA CANSADA (página 19) y otros tres en SAN SILVESTRE EN EL PRATER (p. 23) son más largos que la anchura de la página, y sólo el poema SINE SOLE SILEO (p. 57) tiene menos de los 24 versos que caben en una página. Esta uniformidad y esta inusual adaptación al formato de la colección, ya de por sí cuidada en diseño y calidad, confieren al volumen, por dentro y por fuera, un atractivo digno de referencia.
Dentro, ya en una primera lectura, desde los primeros poemas, tres aspectos nos atraen la atención. El primero es formal: Di, realidad es, en primer lugar, un canto al lenguaje, mimado hasta el extremo tanto en la sintaxis como, y sobre todo, en el léxico, riquísimo y preciso. No menos cuidada es la métrica, que resulta perfecta; predominan alejandrinos, endecasílabos y heptasílabos, pero son también frecuentes los versículos que encadenan, no dos si no tres hemistiquios, incluyendo algún endecasílabo (“de la sala de espera,/ Maquilladas y lábiles,/ se fijaban en mí sin disimulo”, de ODISEO EN EL BÁLTICO, página 14). El segundo aspecto es la atmósfera otoñal, de paisaje centroeuropeo o nórdico y luz crepuscular o auroral, que envuelve a la mayoría de los poemas. A pesar de estar escrito en español, no parece, desde luego, la obra de un autor español; nos recuerda más bien, por esa atmósfera y por ciertos temas a Heaney, o a Larkin, entre otros, y acaso esto no sea azaroso, pues de este último toma Fombellida el título de uno de sus poemas emblemáticos, WILD OATS, para el decimoctavo poema de este libro, AVENA SALVAJE (página 43). Y mucho del gran poeta inglés tienen también otros textos; RONDA DE LOBOS (p. 41), por ejemplo, resume por sí solo algunos de los asuntos que frecuentaba el último Larkin: la soledad, el alcohol y la conciencia de la muerte. El tercero de los aspectos es el deliberado escaso interés por el lirismo, que no por la emoción, acompañado por una pesada carga narrativa y descriptiva, que hace que la mayoría de los poemas sean historias o trozos de historias, y que, leyéndolos, los podamos ver clara y detalladamente como si fueran películas.
Afirma Gamoneda –y lo ha hecho en innumerables ocasiones, en entrevistas, lecturas y en cuantos actos públicos ha intervenido en los últimos años- que la poesía no es literatura. En una entrevista publicada en El País en 2007, tras ser galardonado con el Cervantes lo decía así: “La literatura está en la ficción, (…), pero la poesía es una realidad en sí misma. La poesía no es literatura. Contiene nuestros goces y nuestros sufrimientos, y esa relación con la existencia le da un carácter que va más allá de los géneros”. No está en nuestro ánimo contradecir al Cervantes 2006 ni mucho menos abrir un debate –otro más- sobre qué es literatura, qué no, qué es poesía, qué no, e intentar trazar la delgadísima, acaso imposible, línea que marque incontestablemente la inviolable frontera entre los distintos géneros literarios. Pero a estas alturas no es fácil aceptar que “la poesía no es literatura” porque “la literatura está en la ficción”. Está claro que poesía, literatura y ficción son cosas distintas, pero, ¿son necesariamente excluyentes? ¿Hemos de admitir sin más que un texto no puede ser poético y literario a la vez? ¿No puede un poema contar historias de ficción? Y, si es así, ¿deja de llamarse “poema”?

Parece que con Dí, realidad, Fombellida se hubiera planteado responder esas preguntas para demostrar que esos términos no son excluyentes ni contrapuestos, y que un poema puede ser de ficción y ser calificado como literario sin perder su carácter poético. Y como muestra, BALADA DE UNO QUE MIRA EL PRUT (p. 31), terrible microrrelato bélico, basado posiblemente en una batalla de la 2ª Ofensiva de Jassy-Kishinev, en la II Guerra Mundial, cuyos primeros versos son un alarde de técnica poética y recursos literarios, repleto de imágenes y sonoridad, con lúcidas aliteraciones en versos 4 (“El río silabeaba una balada”) y 9 (“Siguió abriendo en canal el lecho helado”). No quisiéramos terminar sin mencionar, de entre las muchas imágenes que brillan en estas 67 páginas, una, expresiva, gráfica como pocas, del último poema, EL CIELO NO TIENE HORIZONTES, versos 4 a 6: “… Las estrellas cintilan/ tímidas, expirantes como el hálito/ de un anciano intubado…” Y un poema, LA LEY DEL RÍO (p. 58), evocador y emotivo, tan delicioso y bucólico al principio como duro y doloroso al final. Sólo por la posibilidad de encontrar uno como éste, vale la pena leer, de vez en cuando, un libro de poemas.

domingo, 2 de agosto de 2015

"CROMOS" DE JUAN LORENZO COLLADO





A principios de este verano, se presentaron dos nuevos libros de poemas de Juan Lorenzo Collado: “La caja de Pandora”, Premio Ciudad de Elche 2012, y “Cromos”, finalista del V Certamen de Poesía “Juan Calderón Matador” 2013. En el mismo acto, se presentó también “Azul intenso”, XIV Premio de Poesía “Leonor de Córdoba”, de su hija Elena Collado García. Mucho tiempo antes, Juan Lorenzo me había honrado al pedirme que escribiera un prólogo para “Cromos”. Ese prólogo íntegro, con algunas modificaciones provocadas por la paginación definitiva de la publicación, es el que sigue a continuación:





EL COLECCIONISTA
Prólogo a CROMOS, de Juan Lorenzo Collado Gómez

         A poco que se le conozca, uno se puede imaginar fácilmente a un aplicado Juan Lorenzo Collado de once o doce año deleitándose tarde tras tarde, al salir del colegio, con su álbum de cromos; pegar en él, no sabemos si con aquel engrudo casero, o ya con pegamento Imedio, uno o dos más que acaba de conseguir, quizá de algunos sobres que acaba de comprar en el quiosco del barrio, o quizá fruto de un reciente intercambio con otros compañeros en el mismo patio del colegio. Es fácil verlo repasando interminablemente las páginas mientras merienda y, una vez tras otra, comprobar que siguen faltándole casi los mismos pocos cromos para completar la colección.
            Poco tiempo después, con la misma facilidad, nos imaginamos a un Juan Lorenzo adolescente pasando las horas muertas contemplando, embelesándose con cada página completa de un nuevo álbum, leyendo lentamente –casi aprendiendo de memoria- el texto que acompaña a cada cromo. Tal vez se trate de un álbum de fotografías de actores y escenas de grandes películas de la época, o de historia y geografía, o de animales y plantas, o de jugadores de fútbol de la primera división de la liga de aquella temporada; gracias a aquellos álbumes, nos aprendimos los nombres de los jugadores de los principales clubes, y sabíamos de memoria las alineaciones. O tal vez trate de carros y aviones de combate y buques de guerra de la II Guerra Mundial, o de curiosidades, de antiguas civilizaciones o de cualquier otra temática, pues los había de todas las imaginables.
            Era uno de los entretenimientos más populares entre los niños de hace más o menos cuatro décadas, como también lo era la colección de sellos. A los cromos también los llamábamos “estampas”. La palabra “cromo” resultó de acortar “cromolitografía”, es decir, litografía o estampación en color, algo ciertamente novedoso y atractivo en aquella época y aquel país todavía en blanco y negro. Para quienes entonces éramos niños, aquello de completar álbumes -lo cual duraba meses, y muchas veces no se llegaban a completar-  forma parte importante de nuestra memoria generacional. El gran poeta malagueño Álvaro García, sólo un lustro más joven que Juan Lorenzo, escribió en la segunda mitad de los años ochenta una magnífica serie de poemas bajo el sugerente y memorable título de La noche junto al álbum, que obtuvo el Premio Hiperión de Poesía el año 1989. No era, desde luego, de cromos el álbum de Álvaro García, y tampoco lo es, a pesar del título, este libro de J.L. Collado.
            Pero retomemos nuestra historia: suponemos a un ya dieciochoañero Juan Lorenzo, cambiando poco a poco la afición de completar álbumes por la no menos adictiva de la literatura. Su paso por el instituto pudo haberle dejado las tardes y las noches en compañía de Bécquer, de Lorca, de Neruda, de Machado, de Miguel Hernández o de Cernuda, como antes estaría con la de los cromos y los álbumes.
            Lo estamos viendo, en una escena posterior, rendido ya al hábito de la escritura de cuentos y narraciones y, al poco, de versos. Lo vemos, igual de aplicado que de niño, pergeñando sus primeros poemas y componiendo algún librito que quizá por pudor desechó al poco. A partir de ahí, ya no necesitamos imaginación, la historia es bien conocida: sabemos que Juan Lorenzo Collado pasó a coleccionar cuentos, narraciones, alguna novela, poemas, premios literarios y libros publicados.
            La colección de 43 poemas o cromos que componen este álbum o libro - finalista en el V Certamen de Poesía "Juan Calderón Matador"- es un ejercicio de nostalgia, un inventario de pérdidas y un deseo de recuperar el tiempo y la memoria. “Tu rostro son los cromos/ que faltan en la faz/ de la memoria…” leemos ya en el principio, y veintisiete poemas más adelante, “…supe que podíamos desafiar/ los dictados del tiempo/ juntar todos los cromos/ de un álbum de ilusiones”. Y puesto que la memoria, el corazón y sus heridas, y las cicatrices que deja en ellos, en nosotros, el paso del tiempo son los temas referentes y más recurrentes, se nos ocurre que, más que Cromos, o cromolitografías, podríamos llamar a estos poemas, aunando los conceptos y agotando quizá las posibilidades que ofrece el lenguaje, cromocardiografías o estampas de un estado del corazón; cromonemografías o imágenes que nos deja la memoria; o simplemente, cronografías, trazos de tiempo, o del paso del tiempo, o de la vida misma.
            Dejando aparte juegos y atrevimientos etimológicos, por las páginas de este libro van pasando las estaciones, las lluvias y los recuerdos; la vuelta  a la infancia y sus paisajes; los cuerpos y los dedos sobre el cuerpo, la piel; las ilusiones, los sueños y  los deseos que no se pudieron cumplir, y que probablemente no esperan ya cumplirse; todas las ellas que puedan caben en una vida; incluso paraísos reales y lugares que nunca han existido, imposibles ideologías que nunca se tocarán las manos y dioses que aún vuelven la cabeza a la infancia. Pero hay también relámpagos que llaman la atención de nuestra conciencia social, deslumbrándola y dejándola encendida tras la lectura: una clara denuncia a la violencia de género ocupa el poema  ADVIERTO AL TRASLUZ (página 30);  la pobreza es el tema de los cortes NO ENTENDÍ LAS PALABRAS (p. 39), y VAGA (p. 46); el drama de quienes se juegan la vida por otra mejor en el abismo de una patera, en NO HAY TESTIGOS (p. 30); o la soledad de la vejez, en MIENTRAS LLUEVE (p. 47). Y hay también un Carpe Diem al más puro estilo clásico en el poema ME DEMORÉ (p. 31).
            Con la escritura de este libro, Juan Lorenzo Collado Gómez (Albacete, 1960) se somete al progresivo e irreversible exorcismo de los particulares demonios de su ayer más íntimo, y quiere que nosotros, lectores, asistamos y participemos activamente en la ceremonia. Creo que la práctica de la poesía consiste, en gran medida, en eso. Tras más de una lectura, el lector que esto escribe quisiera, de entre las estrofas que componen estos poemas, rescatar y suscribir algunas imágenes de especial brillantez, hallazgos de una inspiración lúcida y generosa: “una corona de laurel/ en la razón del sentimiento” (p.25), “caminar/ sobre la cuerda floja/ de los recuerdos” (p. 33), “la madera vestal de los días” y “la calavera del amanecer” (p. 37), “el cordón umbilical de la desesperanza” (p. 39), “los amores que han muerto/ nunca envejecerán” (p. 52), o el alejandrino “llevando como lanza mi corazón tan sólo”, en el poema de la página 36, quizá el mejor verso de la colección.
            También, y para terminar, el lector que esto escribe propone a lectores venideros comenzar la lectura de este libro con los poemas QUEDAN LAS FOTOGRAFÍAS, en la página 26, ALGUIEN OLVIDÓ (p. 35) y NO HAY TESTIGOS (p. 43), por considerarlos, en su humilde opinión, los más logrados, evocadores y significativos de entre los 41 que lo conforman. Pero eso, como casi todo en este prólogo, es sólo una opinión y una sugerencia. La grandeza de la poesía permite que una cosa y la contraria sean a la vez ciertas y posibles. Y estos textos, como todos, una vez que fueron dados a la imprenta, dejaron de ser patrimonio exclusivo de quien los escribió, para ser también de los lectores. Y corresponde a ellos, a nosotros, probar, opinar, recusar o gustar.

Valentín Carcelén

Albacete, noviembre de 2013.

sábado, 21 de febrero de 2015

LAS RAMAS DEL AZAR. RESEÑA PUBLICADA EN "VÍSPERAS"

LAS RAMAS DEL AZAR
Constantino Molina Monteagudo
Rialp Ediciones, 2015,
Premio Adonáis, 2014

Con Las ramas del azar, Constantino Molina Monteagudo ha obtenido el último Premio Adonáis, sin duda, uno de los más prestigiosos, tradicionales y codiciados que existen en la poesía española, si no el más. Se convierte así en el cuarto albaceteño que lo consigue -tras Juan Carlos Marset, Luis Martínez-Falero y Rubén Martín-, y el segundo en los últimos cinco años (Rubén Martín lo logró en 2009), confirmando así el excelente estado de la poesía de esta ciudad manchega en los últimos tiempos y muy especialmente en lo que llevamos de siglo, pues, junto a los citados, son varios más los autores que han obtenido otros premios importantes, y numerosos e importantes los eventos poéticos desarrollados en Albacete en esta etapa.
            Como es habitual en los poetas que ganan el Adonáis, hasta que lo ganan, Constantino Molina es un poeta desconocido en el escenario nacional y prácticamente inédito. Nacido en la localidad de Pozo Lorente (Albacete) hace 29 años, dejó sin terminar estudios de Humanidades en la Universidad de Castilla-La Mancha y, hasta ahora, sólo había publicado poemas en revistas, como Barcarola o La Galla Ciencia,  y en antologías colectivas, como el Llano en llamas (Fractal, 2011) o Tenían veinte años y estaban locos (La bella Varsovia, 2011).  Obtuvo el “Premio Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha” en 2011, y el “Premio de Poesía Joven Ciudad de Albacete” en 2012.
            Como suele suceder también con muchos de los libros que ganan el Adonáis, a pesar de estar escritos en edades bastante tempranas, Las ramas del azar es una colección de poemas maduros, bien pensados, bien trabajados, bien ordenados y bien acabados, componiendo un conjunto homogéneo y armónico. De inmediato, se advierte en ellos, como no puede ser de otro modo, un hondo conocimiento de todos los palos de la tradición poética española, un necesario equipaje cultural, una extraordinaria sensibilidad y mucho oficio.
            El libro abre con dos citas tan dispares como pertinentes: la primera, de San Juan de la Cruz, es en realidad su traducción en romance del segundo versículo del salmo 136, “Super flumina Babylonis” (“Sobre los ríos de Babilonia), que, por otra parte, ha dado lugar a infinidad de versiones musicales a lo largo de la historia. La segunda, más filosófica, pertenece a la novela del escritor valenciano Alfons Cervera Esas vidas. Ambas citas se funden para conformar el título y la idea del libro, que son también los del poema de la página 39, significativo, transparente, contundente y uno de los más sobresalientes de la colección. En demasiadas ocasiones un libro toma el título de uno de los poemas que contiene, bien porque el título es sonoro o sugerente, o las dos cosas, bien porque el poema es el mejor o de los mejores del libro; en pocas, muy pocas ocasiones, sin embargo, ese poema, además, sintetiza la diversidad de temas e ideas expuestos en el resto de poemas, o resume la intención y el proyecto que el autor desea plantear. En este caso, sí: la lectura del poema “Las ramas del azar” nos vale para tener una imagen acertada de lo que nos vamos a encontrar en el resto de la serie. La indagación en el tópico clásico pero siempre actual, imprescindible, de la fugacidad del tiempo y la belleza en que se funda el poema, aparece también, sólo dos páginas después, en “La arquitectura efímera del tiempo”
            Ya los tres primeros textos muestran claramente la madurez a que hacemos referencia arriba, especialmente en el difícil, pero excelentemente resuelto, “El corazón del mármol”, sobre la escultura de tema mitológico, clásico y ya universal, El rapto de Proserpina, de Bernini. Sorprende entonces, al pasar la página, encontrarse con un espléndido “Elogio del llano”, de interés meramente personal y comarcal, que nos recuerda al Claudio Rodríguez de siempre, para continuar con el breve pero eficaz metapoema “Respiración”, que firmarían sin titubeos un Siles o un Corredor-Matheos; y otra vez volver poco después, en “Esta música”, y con la excusa del aria clásica de Monteverdi Si dolce è il tormento, a lo excelso, a lo que tiene vocación de universal y eterno. Y, así, van intercalándose, siempre con el mismo gusto y bajo el mismo tono moderado pero emotivo y un lenguaje directo y preciso, casi pedagógico, composiciones de asuntos y pretensiones variadas, alternando lo de índole más particular e intrascendente con lo más elevado y global.
            Del conjunto, ya uniforme dentro de su altura, hemos de destacar, no obstante, aparte de los ya citados, por su diversa singularidad, “Estalactitas”, “Correspondencias con un fraile” (otra vez San Juan de la Cruz), “Don de la inocencia”, “Luciérnagas”, “Nubes en la tormenta”, “Apreciación” y “Exilios”, cuya inspiración y perfecta hechura hacen muy difícil para su autor superar esta entrega, si no es inventando otras formas y otra voz, ya que con éstas lo ha dicho casi todo.

Valentín Carcelén,
10 de febrero de 2015.