POEMAS, RESEÑAS DE LIBROS DE POESÍA, TRADUCCIONES, HAIKU.

viernes, 11 de abril de 2014

INTERIORES III

Nos llega el invierno, y en escala 1:1.

Desde hace décadas, los diarios

no dan noticias: opinan.

Y, a veces, inventan. Y entonces, a veces,

las cosas no son como son.



Pero este invierno sí es como es,

y es como los de antes,

como cuando los periódicos

simplemente daban las noticias

tal como eran.



Hay un calendario en cada persona,

exacto y distinto. Un calendario

que atiende al pasado

y da cuenta, al detalle, de cuanto

duran los días de cada persona.


¡Cuánta eternidad cabe, a veces, en un día!

jueves, 10 de abril de 2014

INTERIORES II

Dicen de Pessoa que habría necesitado

varias vidas como la que vivió

para poder terminar

todos los libros que pensaba escribir,

muchos bien empezados.



Leo sus poemas, y veo que pocas veces

habla de la vida. Habla de sueños

y de ideas, de recuerdos y aspiraciones.

"He escrito muchos poemas". Decía.

"He de escribir muchos más".



¿Será que la vida

sólo es éso, sueños e ideas, recuerdos

y aspiraciones? ¿Hay algo más?

¿Qué más puede haber en una vida?

Yo he vivido mucho.

He de vivir mucho más.

miércoles, 9 de abril de 2014

INTERIORES I

Ni la luz ni el descanso

me hacen más vivo -ahora

que llega el buen tiempo- que estos momentos

de silencio en que conmigo

discuto y discrepo. Ni la luz ni el solaz.



Una vida es muchas vidas,

y casi nunca vivimos lo bastante

para descubrir todas las nuestras.

Una vida ni siquiera es tiempo

suficiente para saber quien somos.



Luego están, además, esas otras vidas

que también, a su manera, nos viven

y cuya muerte nos mata más que la nuestra.

Y aquellas otras en que, en ocasiones,

las de la desesperación, nos gustaría

vivir más que en las nuestras.


lunes, 17 de marzo de 2014

EN EL PARQUE III

caen cuatro cáscaras
de piña.                        
               allá en la copa,
quieta, una ardilla

sábado, 15 de marzo de 2014

sábado, 22 de febrero de 2014

ANTONIO MACHADO, 75 AÑOS DESPUÉS

Tal día como hoy, hace 75 años, moría en su exilio de Colluire Antonio Machado Álvarez. Con Juan Ramón Jiménez, el poeta español más influyente del siglo XX. A pesar de su brevedad, su obra poética merece toda la atención de lectores y de críticos porque, a la vez que sintetiza desde el estudio más inteligente las tradiciones literarias castellana y francesa, aporta una personal estética poética, literaria y filosófica que casi un siglo después, no sólo continúa vigente, sino que constituye uno de los clásicos más imprescindibles. Su Campos de Castilla es la colección de poemas de mayor calidad y valor literarios escritos en español en siglo XX.



El poema que ofrecemos, uno de los menos conocidos, pertenece a la colección Elogios, de 1916. Es de los más largos -consta de 17 serventesios alejandrinos- y está escrito hace justamente un siglo, tres meses después del comienzo de la I Guerra Mundial y ante la neutralidad de España.


ESPAÑA EN PAZ

En mi rincón moruno, mientras repiquetea
el agua de la siembra bendita en los cristales,
yo pienso en la lejana Europa que pelea,
el fiero norte, envuelto en lluvias otoñales.

Donde combaten galos, ingleses y teutones,
allá en la vieja Flandes, y en una tarde fría.
sobre jinetes, carros, infantes y cañones
pondrá la lluvia el velo de su melancolía.

Envolverá la niebla el rojo expoliario
-sordina gris al férreo claror del campamento-,
las brumas de la Mancha caerán como un sudario
de la flamenca duna sobre el fangal sangriento.

Un César ha ordenado las tropas de Germania
contra el francés avaro y el triste moscovita,
y osó hostigar la rubia pantera de Britania.
Medio planeta en armas contra el teutón milita.

¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra,
odiada por las madres, las almas entigrece;
mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?
¿Quién sembrará la espiga que en junio amarillece?

Albión acecha y caza las quillas en los mares;
Germania arruina templos, moradas y talleres;
la guerra pone un soplo de hielo en los hogares,
y el hambre en los caminos, y el llanto en las mujeres.

Es bárbara la guerra y torpe y regresiva;
¿por qué otra vez a Europa esta sangrienta racha
que siega el alma y esta locura acometiva?
¿Por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha?

La guerra nos devuelve las podres y las pestes
del ultramar cristiano; el vértigo de horrores
que trajo Atila a Europa con sus feroces huestes;
las hordas mercenarias, los púnicos rencores;

la guerra nos devuelve los muertos milenarios
de cíclopes, centauros, Heracles y Teseos;
la guerra resucita los sueños cavernarios
del hombre con peludos mamutes giganteos.

¿Y bien? El mundo en guerra y en paz España sola.
¡Salud, oh buen Quijano! Por si este gesto es tuyo,
yo te saludo. ¡Salve! Salud, paz española,
si no eres paz cobarde, sino desdén u orgullo.

Si eres desdén y orgullo, valor de ti, si bruñes
en esa paz, valiente, la enmohecida espada,
para tenerla limpia, sin tacha, cuando empuñes
el arma de tu vieja panoplia arrinconada;

si pules y acicalas tus hierros para, un día,
vestir de luz y erguida: heme aquí, pues, España,
en alma y cuerpo, toda, para una guerra mía,
heme aquí, pues, vestida, para la propia hazaña

decir, para que diga quien oiga: es voz, no es eco;
el buen manchego habla palabras de cordura;
parece que el hidalgo amojamado y seco
entró en razón, y tiene espada  a la cintura;

entonces, paz de España, yo te saludo. 
                                                                      Si eres
vergüenza humana de esos rencores cabezudos
con que se matan miles de avaros mercaderes
sobre la madre tierra que los parió desnudos;

si sabes cómo Europa entera se anegaba
en una paz sin alma, en un afán sin vida,
y que una calentura cruel la aniquilaba,
que es hoy la fiebre de esta pelea fratricida;

si sabes que esos pueblos arrojan su riqueza
al mar y al fuego -todos- para sentirse hermanos
un día ante el divino altar de la pobreza,
gabachos y tudescos, latinos y britanos,

entonces, paz de España, también yo te saludo,
y a ti, la España fuerte, si, en esta paz bendita, 
en tu desdeño esculpes, como sobre un escudo,
dos ojos que avizoran y un ceño que medita.

Baeza, 10 de noviembre de 1914.





domingo, 9 de febrero de 2014

EL MAESTRO. En la jubilación de Pepe Cabañero Fuentes.


Mi compañero, mi amigo Pepe Cabañero se jubiló anteayer, viernes, 7 de febrero, día de su sexagésimo cumpleaños, tras una dilatada carrera profesional como docente; los últimos 15 años de la  misma, compartiendo penas y alegrías en el Instituto de Educación Secundaria "Río Júcar", de Madrigueras (Albacete). Ha sido una gran compañero; le echaré mucho de menos. En la comida-homenaje que le rendimos ese mismo día, varios compañeros intervinimos, en nombre de todos, para hacer constar nuestro reconocimiento a su labor docente y nuestro aprecio a su persona. Éste es el final de mi intervención, con el texto EL MAESTRO, que reproduzco: 


"...mientras preparaba esta palabras, imaginé a uno de nuestros alumnos, de los alumnos de Pepe de este curso, por ejemplo, pero dentro de algunos años. Lo imaginaba ya adulto, años después de salir del instituto y finalizar también los estudios universitarios, recordando este curso, en que uno de sus maestros dejó de ser su maestro. Y lo que imaginé que ese alumno, ya adulto, recordaba de aquello que ha sido esta mañana y que ha sido este tu último curso es, podría ser, esto:



EL MAESTRO



El maestro era lo que decía, lo que un trozo de tiza en sus manos trazaba sobre las sombras de la pizarra insondable, los pasos del mediodía, las cuentas cuyo resultado se daba en términos de un compromiso con el silencio.

Era el mes de septiembre, el temblor de los paisajes donde ayer jugábamos, el animal de la emoción rugiéndonos dentro por querer salir; la exposición al yo, a los otros, a la miniatura en que la timidez nos deja cuando es lunes.

Era una gota de tiempo, un racimo de porqués, el lagar de la paciencia, el contenido de la siempre olvidada palabra nunca, la raíz de un árbol recién inventado. Era la luz de la tinta entregada, indeleble como un tatuaje en la imposible piel del corazón.

Era la escritura de la niebla, el sueño de la lluvia en los ojos, la eternidad solar de los recreos cuando no conocíamos nuestros nombres y sonaba el timbre para despertarnos y llamarnos a un calendario con fechas de arena y de veranos.

Era a primera hora la voz que abría los caminos de la mañana, los cuadernos del día a un viaje desde este lugar al inexplicable hoy que ya nunca volverá. Era en noviembre el aire amarillo decidiendo qué hoja caería última de las dóciles moreras.

Era la nieve alguna vez, dormida, dolorosamente infantil y escolar, más humana que mineral, y redonda, redonda en un puño temprano. Era la madre navidad, y apenas nos mintieron que acaso no vendría más con carpetas y fotocopias de nubes olvidadas.

Cuando se fue aún había gripe, agendas abiertas y problemas sin resolver sobre los pupitres. Nunca supimos exactamente qué diferencia mediaba entre los pentagramas y la sucesión desordenada de todos los números primos.

Valentín Carcelén
2 de febrero de 2014.

domingo, 12 de enero de 2014

CARLOS BOUSOÑO. UN HOMENAJE Y UN POEMA


Tuve la ocasión de ver a Carlos Bousoño el pasado mes de julio. Fue a ver a su amigo Francisco Brines, sobre el que la UCM daba un curso al que yo asistía. Entró a mitad de una de las sesiones, en silla de ruedas, en un estado de avanzado deterioro físico y mental, y apenas reconocible.
Quienes frecuentamos y amamos la poesía debemos mucho al magisterio de su insuperable doble volumen Teoría de la Expresión Poética, Gredos, 1955.
La totalidad de su inmensa obra poética quedó recogida en Primavera de la muerte. Poesías completas (1945-1998), Tusquets Editores, Madrid, 1998. Primavera de la muerte es también el título de su segundo libro de poemas, publicado allá por 1946. En 1962 publicó Invasión de la realidad, del que reproducimos el poema "Culpables".
Con nuestro reconocimiento y nuestra admiración, dejamos este pequeño homenaje a quien es sin duda referente inexcusable de la poesía y la teoría de la literatura del siglo XX.




CULPABLES

He aquí que nosotros nos preguntamos si acaso
somos verdaderamente necesarios
en un mundo tal vez no del todo nacido de la necesidad y del orden.
Henos caídos, levantados, henos inclinados a roer nuestra propia felicidad,
a destruir nuestra propia verdad, a edificar en la ruina.
Henos asociados al error como a una verdad más pequeña,
girando en el desamparo como un planeta absolutamente vacío,
en la redondez del espacio.
Henos acumulando día a día la pequeña fortuna de errores,
desgastados por la costumbre como una moneda como una moneda cuya efigie se borra.
Henos acostumbrados a nuestra culpabilidad como un remo en el fango,
hechos mitad de fango y mitad de madera pobrísima, 
casi putrefacta, pero tal vez con recuerdos de bosque, 
de verdísima luz, de senderos con luz conducida,
de flores fragantes, abiertas en mitad de la suave pradera.
Y el remo se alza en el aire como una bandera,
y sube en el aire y desea la luz,
y de nuevo cae con grave son, en la sombra.

domingo, 17 de noviembre de 2013

EL ORIGEN DE LA LENGUA

"La lengua surgió en el período de enamoramiento del hombre: las primeras manifestaciones lingüísticas, a mi entender, serían una mezcla entre los maullidos líricos del gato en celo durante la noche y los trinos melódicos del ruiseñor enamorado."
(Otto Jespersen,  Lenguaje)



Cita recogida en "La lengua y el hombre. Introducción a los problemas generales de la Lingüística", de Bertil Malmberg. Libro de bolsillo Istmo. Colección Fundamentos. 1ª  edición, 1971; 8ª, 1981. El original es de 1966.

domingo, 3 de noviembre de 2013

NOVIEMBRE

Donde el verano asegura
su consunción, aguarda el invierno
un vientre de bienestar.

Tan lógico como eso, tan sádico.

Mírame estos días
como yo también me contradigo
y me ratifico: duermo largo,
pero en mis sueños siempre atisbo
el trayecto de una ouija malintencionada.
No quisiera despertar.

Tan cobarde como eso, natural.

Estos días de noviembre,
ya pasado el día de difuntos,
esperando que algo ocurra, casi 
rezando, en que a veces saludamos
a los vecinos sin mirarlos a la cara.

Tan absurdo, tan real.

sábado, 26 de octubre de 2013

sábado, 28 de septiembre de 2013

SEAMUS HEANEY. DEATH OF A NATURALIST (MUERTE DE UN NATURALISTA)






Una segunda entrada en memoria de S. Heaney. Esta vez con la traducción de su poema emblemático MUERTE DE UN NATURALISTA, que da título al libro por el que Heaney alcanzó reconocimiento como gran poeta. Incluimos también el poema original.





MUERTE DE UN NATURALISTA

Todo el año la presa de lino se inflamaba en el corazón
de la ciudad; verde y con la cabeza hinchada,
el lino se había podrido allí, trabado por enormes turbas.
Diariamente se asfixiaba bajo un sol de justicia.
Las burbujas rompían delicadamente, los moscardones
tejían una tupida gasa de zumbidos alrededor del hedor.
Había libélulas, mariposas moteadas,
pero lo mejor de todo era la cálida, espesa baba
de las huevas de rana que crecía como agua coagulada
a la sombra de las orillas. Aquí, cada primavera
yo llenaba búcaros de granos
de gelatina para alinearlos en los alféizares de casa,
en las estanterías de la escuela, y esperaba y observaba hasta
que los puntitos chafados reventaban en ágiles
renacuajos nadando. La señorita Walls nos contaba que
papá rana se llamaba rana toro.
Y cómo croaba y cómo mamá rana
ponía cientos de pequeños huevos y esto era
huevas de rana. Uno podía predecir el tiempo por las ranas también,
ya que eran amarillas con el sol y marrones
con la lluvia. Entonces un día de calor en que los campos estaban cubiertos
de boñigas de vaca, en la hierba las ranas furiosas
invadieron la presa de lino; yo me escondí entre los setos
de un intenso croar que no había oído
antes. El aire era espeso con un coro de bajos.
Justo debajo de la presa, ranas de vientre abultado estaban ladeadas
sobre las hierbas; sus cuellos anchos latías como velas. Algunas estaban
preparadas como granadas de barro, con sus cabezas romas resoplando.
Sentí náuseas, me volví, y corrí. Los grandes reyes del cieno
estaban reunidos allí para la venganza y yo supe
que si yo sumergía mi mano, las huevas la agarrarían.

(Trad. V. Carcelén)




DEATH OF A NATURALIST


All year teh flax-dam festered in the heart


Of the townland; green and heavy headed


Flax had rotted there, weighted down by huge sods.

Daily it sweltered in the punishing sun.

Bubbles gargled delicately, bluebottles

Wove a strong gauze of sound around the smell.

There were dragon-flies, spotted butterflies,

But best of all was the warm thick slobber

Of frogspawn that grew like clotted water

In the shade of the banks. Here, every spring

I would fill jampotfuls of the jellied

Specks to range on window-sills at home,

On shelves at school, and wait and watch until

The fattening dots burst into nimble-

Swimming tadpoles. Miss Walls would tell us how

The daddy frog was called a bullfrog

And how he croaked and how the mammy frog

Laid hundreds of little eggs and this was

Frogspawn. You could tell the weather by frogs too

For they were yellow in the sun and brown

In rain. Then one hot day when fields were rank

With cowdung in the grass the angry frogs

Invaded the flax-dam; I ducked through hedges

To a coarse croaking that I had not heard

Before. The air was thick with a bass chorus.

Right down the dam gross-bellied frogs were cocked

On sods; their loose necks pulsed like sails. Some hopped:

The slap and plop were obscene threats. Some sat

Poised like mud grenades, their blunt heads farting.

I sickened, turned, and ran. The great slime kings

Were gathered there for vengeance and I knew

That if I dipped my hand the spawn would clutch it.

jueves, 12 de septiembre de 2013

DOS POEMAS EN "DOS POEMAS Y UN CAFÉ"

En el  último número de la revista virtual de poesía DOS POEMAS Y UN CAFÉ, Javier Ocaña  ha tenido a bien incluir estos dos poemas. Se trata de una publicación modesta pero muy cuidada, casi artesanal. Gracias y suerte, amigo.



LLÁMALO SUERTE

Llámalo suerte, margen izquierda, la cuneta 
Estaba ahí, a dos palmos del arcén,
Para que detuviéramos la marcha
Y pudiéramos ver mejor el animal.
Ni zorro ni jabato: un vulgar perro
Atropellado, moribundo.

Llámalo suerte, sangre negra, aún se movía,
Yo no quería, pero fuiste tú
Quien se empeñó
En recogerlo e intentar salvarlo,
Y así lo hicimos, lástima
De maletero: aún olía a nuevo.

Llámalo suerte, inexorable paso
Del tiempo, aburrimiento, nos cansamos,
Tenía, acaso, que pasar.
                         Y aquí
Nos quedamos los dos
Solos, lamiéndonos aún
las heridas.
Te fuiste sin ponerle
 nombre.

     Quizá lo llame suerte.




LUGAR


La persona es el lugar de los demás,
El lugar de las cosas que se nombran,
Nuestro lugar en nuestro mundo parado y único.

La persona que no soy yo
Es la escritura contra los demás,
Como un borrón y cuenta nueva
En los hábiles trazos de un papel quemado.

Para que yo desaparezca
Se tiene que romper mi espacio,
Hundirse o perderse como una telaraña
De luz en el silencio.

Y yo estoy siempre quieto
O muerto en mi lugar común,
Alguien que escribe frases de ceniza
Cuando no queda nadie que las lea.

Alguien con un insecto de metal
Metamorfoseándose en su oído.
El que vende relojes en la esquina
Equivocada para un tiempo
Que no llegará nunca.