POEMAS, RESEÑAS DE LIBROS DE POESÍA, TRADUCCIONES, HAIKU.

viernes, 20 de junio de 2014

miércoles, 28 de mayo de 2014

INTRIORES VI


Escribo con la tranquilidad

de que todo es mentira,

todo lo que escribo. Y sé que,

escriba lo que escriba, da igual,

pues igual me puedo desdecir después.



Y lo peor: pienso si no es también un engaño

todo lo que veo, todo lo que sé,

todo lo que conozco y asumo;

si ese yo al que aludo

cuando me refiero a mí soy yo mismo.



Hay una pausa en mi devaneo,

un silencio que amo

como si fuera el principio o el final.

Esa tregua que necesitaba.

Anochece.

Ni la luz ni la paz.


domingo, 13 de abril de 2014

INTERIORES V

En 1997, el periodista Andrés Gómez-Flores reeditaba, tras varias décadas de ausencia la revista anual FERIA de Albacete, fundada y dirigida por José S. Serna. Para el primer número Andrés me pidió estos seis "interiores" que él ya conocía. Sobre lo que en éste decía entonces de la Semana Santa, hoy mantengo la misma opinión. En unos días daremos entrada al último de estos "interiores".



Ni la luz ni el ocio para animar

este diálogo entre uno

y sí mismo. Ya está aqui la Semana Santa.

Unos días de vacaciones

mientras los árboles terminan de retoñar.



Me dicen que salga,

que viajar está muy bien,

que me vaya estos días a las playas de levante

o a ver las procesiones

del sur.



Considero la idea y reconozco

que, en principio, me gusta.

Y es una suerte poderlo hacer.

Pero vuelvo a pensar, le doy vueltas

y más vueltas y, al fin, decido.


Es también una suerte poderse quedar.

sábado, 12 de abril de 2014

INTERIORES IV



No he de discutirle yo al rocío

su madrugar. Para eso están los infelices.

Que yo también he visto

el lado bueno de las cosas,

que tampoco es tan bueno como parece.



Y he conocido personas buenas

que luego resultaron no ser tan buenas.

¡Mira la mañana cómo se cae de bruces

descolgándose de un cúmulo de nubes

negras que amenazan tormenta!



Con todo, quiero decir

que agradezco los cambios.

Ya la lluvia cede. Rachea.

Escampa.

Vuelve la luz a este mediodía


de mediados de Abril.

viernes, 11 de abril de 2014

INTERIORES III

Nos llega el invierno, y en escala 1:1.

Desde hace décadas, los diarios

no dan noticias: opinan.

Y, a veces, inventan. Y entonces, a veces,

las cosas no son como son.



Pero este invierno sí es como es,

y es como los de antes,

como cuando los periódicos

simplemente daban las noticias

tal como eran.



Hay un calendario en cada persona,

exacto y distinto. Un calendario

que atiende al pasado

y da cuenta, al detalle, de cuanto

duran los días de cada persona.


¡Cuánta eternidad cabe, a veces, en un día!

jueves, 10 de abril de 2014

INTERIORES II

Dicen de Pessoa que habría necesitado

varias vidas como la que vivió

para poder terminar

todos los libros que pensaba escribir,

muchos bien empezados.



Leo sus poemas, y veo que pocas veces

habla de la vida. Habla de sueños

y de ideas, de recuerdos y aspiraciones.

"He escrito muchos poemas". Decía.

"He de escribir muchos más".



¿Será que la vida

sólo es éso, sueños e ideas, recuerdos

y aspiraciones? ¿Hay algo más?

¿Qué más puede haber en una vida?

Yo he vivido mucho.

He de vivir mucho más.

miércoles, 9 de abril de 2014

INTERIORES I

Ni la luz ni el descanso

me hacen más vivo -ahora

que llega el buen tiempo- que estos momentos

de silencio en que conmigo

discuto y discrepo. Ni la luz ni el solaz.



Una vida es muchas vidas,

y casi nunca vivimos lo bastante

para descubrir todas las nuestras.

Una vida ni siquiera es tiempo

suficiente para saber quien somos.



Luego están, además, esas otras vidas

que también, a su manera, nos viven

y cuya muerte nos mata más que la nuestra.

Y aquellas otras en que, en ocasiones,

las de la desesperación, nos gustaría

vivir más que en las nuestras.


lunes, 17 de marzo de 2014

EN EL PARQUE III

caen cuatro cáscaras
de piña.                        
               allá en la copa,
quieta, una ardilla

sábado, 15 de marzo de 2014

sábado, 22 de febrero de 2014

ANTONIO MACHADO, 75 AÑOS DESPUÉS

Tal día como hoy, hace 75 años, moría en su exilio de Colluire Antonio Machado Álvarez. Con Juan Ramón Jiménez, el poeta español más influyente del siglo XX. A pesar de su brevedad, su obra poética merece toda la atención de lectores y de críticos porque, a la vez que sintetiza desde el estudio más inteligente las tradiciones literarias castellana y francesa, aporta una personal estética poética, literaria y filosófica que casi un siglo después, no sólo continúa vigente, sino que constituye uno de los clásicos más imprescindibles. Su Campos de Castilla es la colección de poemas de mayor calidad y valor literarios escritos en español en siglo XX.



El poema que ofrecemos, uno de los menos conocidos, pertenece a la colección Elogios, de 1916. Es de los más largos -consta de 17 serventesios alejandrinos- y está escrito hace justamente un siglo, tres meses después del comienzo de la I Guerra Mundial y ante la neutralidad de España.


ESPAÑA EN PAZ

En mi rincón moruno, mientras repiquetea
el agua de la siembra bendita en los cristales,
yo pienso en la lejana Europa que pelea,
el fiero norte, envuelto en lluvias otoñales.

Donde combaten galos, ingleses y teutones,
allá en la vieja Flandes, y en una tarde fría.
sobre jinetes, carros, infantes y cañones
pondrá la lluvia el velo de su melancolía.

Envolverá la niebla el rojo expoliario
-sordina gris al férreo claror del campamento-,
las brumas de la Mancha caerán como un sudario
de la flamenca duna sobre el fangal sangriento.

Un César ha ordenado las tropas de Germania
contra el francés avaro y el triste moscovita,
y osó hostigar la rubia pantera de Britania.
Medio planeta en armas contra el teutón milita.

¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra,
odiada por las madres, las almas entigrece;
mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?
¿Quién sembrará la espiga que en junio amarillece?

Albión acecha y caza las quillas en los mares;
Germania arruina templos, moradas y talleres;
la guerra pone un soplo de hielo en los hogares,
y el hambre en los caminos, y el llanto en las mujeres.

Es bárbara la guerra y torpe y regresiva;
¿por qué otra vez a Europa esta sangrienta racha
que siega el alma y esta locura acometiva?
¿Por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha?

La guerra nos devuelve las podres y las pestes
del ultramar cristiano; el vértigo de horrores
que trajo Atila a Europa con sus feroces huestes;
las hordas mercenarias, los púnicos rencores;

la guerra nos devuelve los muertos milenarios
de cíclopes, centauros, Heracles y Teseos;
la guerra resucita los sueños cavernarios
del hombre con peludos mamutes giganteos.

¿Y bien? El mundo en guerra y en paz España sola.
¡Salud, oh buen Quijano! Por si este gesto es tuyo,
yo te saludo. ¡Salve! Salud, paz española,
si no eres paz cobarde, sino desdén u orgullo.

Si eres desdén y orgullo, valor de ti, si bruñes
en esa paz, valiente, la enmohecida espada,
para tenerla limpia, sin tacha, cuando empuñes
el arma de tu vieja panoplia arrinconada;

si pules y acicalas tus hierros para, un día,
vestir de luz y erguida: heme aquí, pues, España,
en alma y cuerpo, toda, para una guerra mía,
heme aquí, pues, vestida, para la propia hazaña

decir, para que diga quien oiga: es voz, no es eco;
el buen manchego habla palabras de cordura;
parece que el hidalgo amojamado y seco
entró en razón, y tiene espada  a la cintura;

entonces, paz de España, yo te saludo. 
                                                                      Si eres
vergüenza humana de esos rencores cabezudos
con que se matan miles de avaros mercaderes
sobre la madre tierra que los parió desnudos;

si sabes cómo Europa entera se anegaba
en una paz sin alma, en un afán sin vida,
y que una calentura cruel la aniquilaba,
que es hoy la fiebre de esta pelea fratricida;

si sabes que esos pueblos arrojan su riqueza
al mar y al fuego -todos- para sentirse hermanos
un día ante el divino altar de la pobreza,
gabachos y tudescos, latinos y britanos,

entonces, paz de España, también yo te saludo,
y a ti, la España fuerte, si, en esta paz bendita, 
en tu desdeño esculpes, como sobre un escudo,
dos ojos que avizoran y un ceño que medita.

Baeza, 10 de noviembre de 1914.





domingo, 9 de febrero de 2014

EL MAESTRO. En la jubilación de Pepe Cabañero Fuentes.


Mi compañero, mi amigo Pepe Cabañero se jubiló anteayer, viernes, 7 de febrero, día de su sexagésimo cumpleaños, tras una dilatada carrera profesional como docente; los últimos 15 años de la  misma, compartiendo penas y alegrías en el Instituto de Educación Secundaria "Río Júcar", de Madrigueras (Albacete). Ha sido una gran compañero; le echaré mucho de menos. En la comida-homenaje que le rendimos ese mismo día, varios compañeros intervinimos, en nombre de todos, para hacer constar nuestro reconocimiento a su labor docente y nuestro aprecio a su persona. Éste es el final de mi intervención, con el texto EL MAESTRO, que reproduzco: 


"...mientras preparaba esta palabras, imaginé a uno de nuestros alumnos, de los alumnos de Pepe de este curso, por ejemplo, pero dentro de algunos años. Lo imaginaba ya adulto, años después de salir del instituto y finalizar también los estudios universitarios, recordando este curso, en que uno de sus maestros dejó de ser su maestro. Y lo que imaginé que ese alumno, ya adulto, recordaba de aquello que ha sido esta mañana y que ha sido este tu último curso es, podría ser, esto:



EL MAESTRO



El maestro era lo que decía, lo que un trozo de tiza en sus manos trazaba sobre las sombras de la pizarra insondable, los pasos del mediodía, las cuentas cuyo resultado se daba en términos de un compromiso con el silencio.

Era el mes de septiembre, el temblor de los paisajes donde ayer jugábamos, el animal de la emoción rugiéndonos dentro por querer salir; la exposición al yo, a los otros, a la miniatura en que la timidez nos deja cuando es lunes.

Era una gota de tiempo, un racimo de porqués, el lagar de la paciencia, el contenido de la siempre olvidada palabra nunca, la raíz de un árbol recién inventado. Era la luz de la tinta entregada, indeleble como un tatuaje en la imposible piel del corazón.

Era la escritura de la niebla, el sueño de la lluvia en los ojos, la eternidad solar de los recreos cuando no conocíamos nuestros nombres y sonaba el timbre para despertarnos y llamarnos a un calendario con fechas de arena y de veranos.

Era a primera hora la voz que abría los caminos de la mañana, los cuadernos del día a un viaje desde este lugar al inexplicable hoy que ya nunca volverá. Era en noviembre el aire amarillo decidiendo qué hoja caería última de las dóciles moreras.

Era la nieve alguna vez, dormida, dolorosamente infantil y escolar, más humana que mineral, y redonda, redonda en un puño temprano. Era la madre navidad, y apenas nos mintieron que acaso no vendría más con carpetas y fotocopias de nubes olvidadas.

Cuando se fue aún había gripe, agendas abiertas y problemas sin resolver sobre los pupitres. Nunca supimos exactamente qué diferencia mediaba entre los pentagramas y la sucesión desordenada de todos los números primos.

Valentín Carcelén
2 de febrero de 2014.

domingo, 12 de enero de 2014

CARLOS BOUSOÑO. UN HOMENAJE Y UN POEMA


Tuve la ocasión de ver a Carlos Bousoño el pasado mes de julio. Fue a ver a su amigo Francisco Brines, sobre el que la UCM daba un curso al que yo asistía. Entró a mitad de una de las sesiones, en silla de ruedas, en un estado de avanzado deterioro físico y mental, y apenas reconocible.
Quienes frecuentamos y amamos la poesía debemos mucho al magisterio de su insuperable doble volumen Teoría de la Expresión Poética, Gredos, 1955.
La totalidad de su inmensa obra poética quedó recogida en Primavera de la muerte. Poesías completas (1945-1998), Tusquets Editores, Madrid, 1998. Primavera de la muerte es también el título de su segundo libro de poemas, publicado allá por 1946. En 1962 publicó Invasión de la realidad, del que reproducimos el poema "Culpables".
Con nuestro reconocimiento y nuestra admiración, dejamos este pequeño homenaje a quien es sin duda referente inexcusable de la poesía y la teoría de la literatura del siglo XX.




CULPABLES

He aquí que nosotros nos preguntamos si acaso
somos verdaderamente necesarios
en un mundo tal vez no del todo nacido de la necesidad y del orden.
Henos caídos, levantados, henos inclinados a roer nuestra propia felicidad,
a destruir nuestra propia verdad, a edificar en la ruina.
Henos asociados al error como a una verdad más pequeña,
girando en el desamparo como un planeta absolutamente vacío,
en la redondez del espacio.
Henos acumulando día a día la pequeña fortuna de errores,
desgastados por la costumbre como una moneda como una moneda cuya efigie se borra.
Henos acostumbrados a nuestra culpabilidad como un remo en el fango,
hechos mitad de fango y mitad de madera pobrísima, 
casi putrefacta, pero tal vez con recuerdos de bosque, 
de verdísima luz, de senderos con luz conducida,
de flores fragantes, abiertas en mitad de la suave pradera.
Y el remo se alza en el aire como una bandera,
y sube en el aire y desea la luz,
y de nuevo cae con grave son, en la sombra.