POEMAS, RESEÑAS DE LIBROS DE POESÍA, TRADUCCIONES, HAIKU.

domingo, 13 de diciembre de 2015

CANICAS en la ANTOLOGÍA DE JUEGOS DE LA INFANCIA "ANTÓN PIRULERO"

/anton-pirulero/

Recientemente publicada por AMUNI (Asociación de Amigos del Museo Pedagógico y del Niño) y la Diputación de Albacete, bajo la coordinación de Pilar Geraldo Denia, esta Antología de juego de la infnacia "Antón Pilrulero", reúne poemas con esa temática de más de cien poetas españoles vivos.
Mi contribución es este "Canicas", que me lleva, treinta y siete años atrás, a mi primer curso de BUP en el Instituto de Casas Ibáñez (Albacete) -hoy IES "Bonifacio Sotos"-, cuando estaba en el edificio viejo de la carretera de Alcalá del Júcar.




CANICAS

(Curso 1978-79)



Estoy estableciendo con las manos

medidas y distancias

entre el aire frío y la tierra húmeda,

en la tensión y el golpe

que ha de dejar la bola

justo ahí, a un palmo del gua.


Estoy estableciendo en el oído

minutos y distancias,

sobre el vocerío del patio,

entre el impacto del cristal

y el timbre que señala

el final del recreo.


Estoy estableciendo en la memoria

distancias y distancias

entre el tiempo y la nada, entre mis años

de ahora y el deseo, siempre vivo,

de una partida más,

aquel invierno, único y dorado.

Valentín Carcelén,
Albacete, 31 de marzo de 2015.


sábado, 24 de octubre de 2015

lunes, 12 de octubre de 2015

RESEÑA DE "DI, REALIDAD" (RAFAEL FOMBELLIDA) EN LA REVISTA VÍSPERAS.

DI, REALIDAD
Rafael Fombellida
CALLE DEL AIRE, 135, RENACIMIENTO
Sevilla, 2015

Di, realidad, séptima entrega poética, tras la colección de haikus Montaña roja y la antología La propia voz, de Rafael Fombellida (Torrelavega, Cantabria, 1959) fue publicado el pasado mes de marzo por la casa sevillana Renacimiento en su colección Calle del aire. El formato de esta colección es especialmente apropiado para este libro, ya que su amplitud permite que la longitud de los versos y la extensión de los 30 poemas se ajusten con bastante exactitud al ancho de página, en el caso de los versos, y al uso de dos páginas en el caso de los poemas, de manera que sólo tres versos en el poema UNA CABEZA CANSADA (página 19) y otros tres en SAN SILVESTRE EN EL PRATER (p. 23) son más largos que la anchura de la página, y sólo el poema SINE SOLE SILEO (p. 57) tiene menos de los 24 versos que caben en una página. Esta uniformidad y esta inusual adaptación al formato de la colección, ya de por sí cuidada en diseño y calidad, confieren al volumen, por dentro y por fuera, un atractivo digno de referencia.
Dentro, ya en una primera lectura, desde los primeros poemas, tres aspectos nos atraen la atención. El primero es formal: Di, realidad es, en primer lugar, un canto al lenguaje, mimado hasta el extremo tanto en la sintaxis como, y sobre todo, en el léxico, riquísimo y preciso. No menos cuidada es la métrica, que resulta perfecta; predominan alejandrinos, endecasílabos y heptasílabos, pero son también frecuentes los versículos que encadenan, no dos si no tres hemistiquios, incluyendo algún endecasílabo (“de la sala de espera,/ Maquilladas y lábiles,/ se fijaban en mí sin disimulo”, de ODISEO EN EL BÁLTICO, página 14). El segundo aspecto es la atmósfera otoñal, de paisaje centroeuropeo o nórdico y luz crepuscular o auroral, que envuelve a la mayoría de los poemas. A pesar de estar escrito en español, no parece, desde luego, la obra de un autor español; nos recuerda más bien, por esa atmósfera y por ciertos temas a Heaney, o a Larkin, entre otros, y acaso esto no sea azaroso, pues de este último toma Fombellida el título de uno de sus poemas emblemáticos, WILD OATS, para el decimoctavo poema de este libro, AVENA SALVAJE (página 43). Y mucho del gran poeta inglés tienen también otros textos; RONDA DE LOBOS (p. 41), por ejemplo, resume por sí solo algunos de los asuntos que frecuentaba el último Larkin: la soledad, el alcohol y la conciencia de la muerte. El tercero de los aspectos es el deliberado escaso interés por el lirismo, que no por la emoción, acompañado por una pesada carga narrativa y descriptiva, que hace que la mayoría de los poemas sean historias o trozos de historias, y que, leyéndolos, los podamos ver clara y detalladamente como si fueran películas.
Afirma Gamoneda –y lo ha hecho en innumerables ocasiones, en entrevistas, lecturas y en cuantos actos públicos ha intervenido en los últimos años- que la poesía no es literatura. En una entrevista publicada en El País en 2007, tras ser galardonado con el Cervantes lo decía así: “La literatura está en la ficción, (…), pero la poesía es una realidad en sí misma. La poesía no es literatura. Contiene nuestros goces y nuestros sufrimientos, y esa relación con la existencia le da un carácter que va más allá de los géneros”. No está en nuestro ánimo contradecir al Cervantes 2006 ni mucho menos abrir un debate –otro más- sobre qué es literatura, qué no, qué es poesía, qué no, e intentar trazar la delgadísima, acaso imposible, línea que marque incontestablemente la inviolable frontera entre los distintos géneros literarios. Pero a estas alturas no es fácil aceptar que “la poesía no es literatura” porque “la literatura está en la ficción”. Está claro que poesía, literatura y ficción son cosas distintas, pero, ¿son necesariamente excluyentes? ¿Hemos de admitir sin más que un texto no puede ser poético y literario a la vez? ¿No puede un poema contar historias de ficción? Y, si es así, ¿deja de llamarse “poema”?

Parece que con Di, realidad, Fombellida se hubiera planteado responder esas preguntas para demostrar que esos términos no son excluyentes ni contrapuestos, y que un poema puede ser de ficción y ser calificado como literario sin perder su carácter poético. Y como muestra, BALADA DE UNO QUE MIRA EL PRUT (p. 31), terrible microrrelato bélico, basado posiblemente en una batalla de la 2ª Ofensiva de Jassy-Kishinev, en la II Guerra Mundial, cuyos primeros versos son un alarde de técnica poética y recursos literarios, repleto de imágenes y sonoridad, con lúcidas aliteraciones en versos 4 (“El río silabeaba una balada”) y 9 (“Siguió abriendo en canal el lecho helado”). No quisiéramos terminar sin mencionar, de entre las muchas imágenes que brillan en estas 67 páginas, una, expresiva, gráfica como pocas, del último poema, EL CIELO NO TIENE HORIZONTES, versos 4 a 6: “… Las estrellas cintilan/ tímidas, expirantes como el hálito/ de un anciano intubado…” Y un poema, LA LEY DEL RÍO (p. 58), evocador y emotivo, tan delicioso y bucólico al principio como duro y doloroso al final. Sólo por la posibilidad de encontrar un texto como éste, vale la pena leer, de vez en cuando, un libro de poemas.

domingo, 2 de agosto de 2015

"CROMOS" DE JUAN LORENZO COLLADO





A principios de este verano, se presentaron dos nuevos libros de poemas de Juan Lorenzo Collado: “La caja de Pandora”, Premio Ciudad de Elche 2012, y “Cromos”, finalista del V Certamen de Poesía “Juan Calderón Matador” 2013. En el mismo acto, se presentó también “Azul intenso”, XIV Premio de Poesía “Leonor de Córdoba”, de su hija Elena Collado García. Mucho tiempo antes, Juan Lorenzo me había honrado al pedirme que escribiera un prólogo para “Cromos”. Ese prólogo íntegro, con algunas modificaciones provocadas por la paginación definitiva de la publicación, es el que sigue a continuación:





EL COLECCIONISTA
Prólogo a CROMOS, de Juan Lorenzo Collado Gómez

         A poco que se le conozca, uno se puede imaginar fácilmente a un aplicado Juan Lorenzo Collado de once o doce año deleitándose tarde tras tarde, al salir del colegio, con su álbum de cromos; pegar en él, no sabemos si con aquel engrudo casero, o ya con pegamento Imedio, uno o dos más que acaba de conseguir, quizá de algunos sobres que acaba de comprar en el quiosco del barrio, o quizá fruto de un reciente intercambio con otros compañeros en el mismo patio del colegio. Es fácil verlo repasando interminablemente las páginas mientras merienda y, una vez tras otra, comprobar que siguen faltándole casi los mismos pocos cromos para completar la colección.
            Poco tiempo después, con la misma facilidad, nos imaginamos a un Juan Lorenzo adolescente pasando las horas muertas contemplando, embelesándose con cada página completa de un nuevo álbum, leyendo lentamente –casi aprendiendo de memoria- el texto que acompaña a cada cromo. Tal vez se trate de un álbum de fotografías de actores y escenas de grandes películas de la época, o de historia y geografía, o de animales y plantas, o de jugadores de fútbol de la primera división de la liga de aquella temporada; gracias a aquellos álbumes, nos aprendimos los nombres de los jugadores de los principales clubes, y sabíamos de memoria las alineaciones. O tal vez trate de carros y aviones de combate y buques de guerra de la II Guerra Mundial, o de curiosidades, de antiguas civilizaciones o de cualquier otra temática, pues los había de todas las imaginables.
            Era uno de los entretenimientos más populares entre los niños de hace más o menos cuatro décadas, como también lo era la colección de sellos. A los cromos también los llamábamos “estampas”. La palabra “cromo” resultó de acortar “cromolitografía”, es decir, litografía o estampación en color, algo ciertamente novedoso y atractivo en aquella época y aquel país todavía en blanco y negro. Para quienes entonces éramos niños, aquello de completar álbumes -lo cual duraba meses, y muchas veces no se llegaban a completar-  forma parte importante de nuestra memoria generacional. El gran poeta malagueño Álvaro García, sólo un lustro más joven que Juan Lorenzo, escribió en la segunda mitad de los años ochenta una magnífica serie de poemas bajo el sugerente y memorable título de La noche junto al álbum, que obtuvo el Premio Hiperión de Poesía el año 1989. No era, desde luego, de cromos el álbum de Álvaro García, y tampoco lo es, a pesar del título, este libro de J.L. Collado.
            Pero retomemos nuestra historia: suponemos a un ya dieciochoañero Juan Lorenzo, cambiando poco a poco la afición de completar álbumes por la no menos adictiva de la literatura. Su paso por el instituto pudo haberle dejado las tardes y las noches en compañía de Bécquer, de Lorca, de Neruda, de Machado, de Miguel Hernández o de Cernuda, como antes estaría con la de los cromos y los álbumes.
            Lo estamos viendo, en una escena posterior, rendido ya al hábito de la escritura de cuentos y narraciones y, al poco, de versos. Lo vemos, igual de aplicado que de niño, pergeñando sus primeros poemas y componiendo algún librito que quizá por pudor desechó al poco. A partir de ahí, ya no necesitamos imaginación, la historia es bien conocida: sabemos que Juan Lorenzo Collado pasó a coleccionar cuentos, narraciones, alguna novela, poemas, premios literarios y libros publicados.
            La colección de 43 poemas o cromos que componen este álbum o libro - finalista en el V Certamen de Poesía "Juan Calderón Matador"- es un ejercicio de nostalgia, un inventario de pérdidas y un deseo de recuperar el tiempo y la memoria. “Tu rostro son los cromos/ que faltan en la faz/ de la memoria…” leemos ya en el principio, y veintisiete poemas más adelante, “…supe que podíamos desafiar/ los dictados del tiempo/ juntar todos los cromos/ de un álbum de ilusiones”. Y puesto que la memoria, el corazón y sus heridas, y las cicatrices que deja en ellos, en nosotros, el paso del tiempo son los temas referentes y más recurrentes, se nos ocurre que, más que Cromos, o cromolitografías, podríamos llamar a estos poemas, aunando los conceptos y agotando quizá las posibilidades que ofrece el lenguaje, cromocardiografías o estampas de un estado del corazón; cromonemografías o imágenes que nos deja la memoria; o simplemente, cronografías, trazos de tiempo, o del paso del tiempo, o de la vida misma.
            Dejando aparte juegos y atrevimientos etimológicos, por las páginas de este libro van pasando las estaciones, las lluvias y los recuerdos; la vuelta  a la infancia y sus paisajes; los cuerpos y los dedos sobre el cuerpo, la piel; las ilusiones, los sueños y  los deseos que no se pudieron cumplir, y que probablemente no esperan ya cumplirse; todas las ellas que puedan caben en una vida; incluso paraísos reales y lugares que nunca han existido, imposibles ideologías que nunca se tocarán las manos y dioses que aún vuelven la cabeza a la infancia. Pero hay también relámpagos que llaman la atención de nuestra conciencia social, deslumbrándola y dejándola encendida tras la lectura: una clara denuncia a la violencia de género ocupa el poema  ADVIERTO AL TRASLUZ (página 30);  la pobreza es el tema de los cortes NO ENTENDÍ LAS PALABRAS (p. 39), y VAGA (p. 46); el drama de quienes se juegan la vida por otra mejor en el abismo de una patera, en NO HAY TESTIGOS (p. 30); o la soledad de la vejez, en MIENTRAS LLUEVE (p. 47). Y hay también un Carpe Diem al más puro estilo clásico en el poema ME DEMORÉ (p. 31).
            Con la escritura de este libro, Juan Lorenzo Collado Gómez (Albacete, 1960) se somete al progresivo e irreversible exorcismo de los particulares demonios de su ayer más íntimo, y quiere que nosotros, lectores, asistamos y participemos activamente en la ceremonia. Creo que la práctica de la poesía consiste, en gran medida, en eso. Tras más de una lectura, el lector que esto escribe quisiera, de entre las estrofas que componen estos poemas, rescatar y suscribir algunas imágenes de especial brillantez, hallazgos de una inspiración lúcida y generosa: “una corona de laurel/ en la razón del sentimiento” (p.25), “caminar/ sobre la cuerda floja/ de los recuerdos” (p. 33), “la madera vestal de los días” y “la calavera del amanecer” (p. 37), “el cordón umbilical de la desesperanza” (p. 39), “los amores que han muerto/ nunca envejecerán” (p. 52), o el alejandrino “llevando como lanza mi corazón tan sólo”, en el poema de la página 36, quizá el mejor verso de la colección.
            También, y para terminar, el lector que esto escribe propone a lectores venideros comenzar la lectura de este libro con los poemas QUEDAN LAS FOTOGRAFÍAS, en la página 26, ALGUIEN OLVIDÓ (p. 35) y NO HAY TESTIGOS (p. 43), por considerarlos, en su humilde opinión, los más logrados, evocadores y significativos de entre los 41 que lo conforman. Pero eso, como casi todo en este prólogo, es sólo una opinión y una sugerencia. La grandeza de la poesía permite que una cosa y la contraria sean a la vez ciertas y posibles. Y estos textos, como todos, una vez que fueron dados a la imprenta, dejaron de ser patrimonio exclusivo de quien los escribió, para ser también de los lectores. Y corresponde a ellos, a nosotros, probar, opinar, recusar o gustar.

Valentín Carcelén

Albacete, noviembre de 2013.

sábado, 21 de febrero de 2015

LAS RAMAS DEL AZAR. RESEÑA PUBLICADA EN "VÍSPERAS"

LAS RAMAS DEL AZAR
Constantino Molina Monteagudo
Rialp Ediciones, 2015,
Premio Adonáis, 2014

Con Las ramas del azar, Constantino Molina Monteagudo ha obtenido el último Premio Adonáis, sin duda, uno de los más prestigiosos, tradicionales y codiciados que existen en la poesía española, si no el más. Se convierte así en el cuarto albaceteño que lo consigue -tras Juan Carlos Marset, Luis Martínez-Falero y Rubén Martín-, y el segundo en los últimos cinco años (Rubén Martín lo logró en 2009), confirmando así el excelente estado de la poesía de esta ciudad manchega en los últimos tiempos y muy especialmente en lo que llevamos de siglo, pues, junto a los citados, son varios más los autores que han obtenido otros premios importantes, y numerosos e importantes los eventos poéticos desarrollados en Albacete en esta etapa.
            Como es habitual en los poetas que ganan el Adonáis, hasta que lo ganan, Constantino Molina es un poeta desconocido en el escenario nacional y prácticamente inédito. Nacido en la localidad de Pozo Lorente (Albacete) hace 29 años, dejó sin terminar estudios de Humanidades en la Universidad de Castilla-La Mancha y, hasta ahora, sólo había publicado poemas en revistas, como Barcarola o La Galla Ciencia,  y en antologías colectivas, como el Llano en llamas (Fractal, 2011) o Tenían veinte años y estaban locos (La bella Varsovia, 2011).  Obtuvo el “Premio Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha” en 2011, y el “Premio de Poesía Joven Ciudad de Albacete” en 2012.
            Como suele suceder también con muchos de los libros que ganan el Adonáis, a pesar de estar escritos en edades bastante tempranas, Las ramas del azar es una colección de poemas maduros, bien pensados, bien trabajados, bien ordenados y bien acabados, componiendo un conjunto homogéneo y armónico. De inmediato, se advierte en ellos, como no puede ser de otro modo, un hondo conocimiento de todos los palos de la tradición poética española, un necesario equipaje cultural, una extraordinaria sensibilidad y mucho oficio.
            El libro abre con dos citas tan dispares como pertinentes: la primera, de San Juan de la Cruz, es en realidad su traducción en romance del segundo versículo del salmo 136, “Super flumina Babylonis” (“Sobre los ríos de Babilonia), que, por otra parte, ha dado lugar a infinidad de versiones musicales a lo largo de la historia. La segunda, más filosófica, pertenece a la novela del escritor valenciano Alfons Cervera Esas vidas. Ambas citas se funden para conformar el título y la idea del libro, que son también los del poema de la página 39, significativo, transparente, contundente y uno de los más sobresalientes de la colección. En demasiadas ocasiones un libro toma el título de uno de los poemas que contiene, bien porque el título es sonoro o sugerente, o las dos cosas, bien porque el poema es el mejor o de los mejores del libro; en pocas, muy pocas ocasiones, sin embargo, ese poema, además, sintetiza la diversidad de temas e ideas expuestos en el resto de poemas, o resume la intención y el proyecto que el autor desea plantear. En este caso, sí: la lectura del poema “Las ramas del azar” nos vale para tener una imagen acertada de lo que nos vamos a encontrar en el resto de la serie. La indagación en el tópico clásico pero siempre actual, imprescindible, de la fugacidad del tiempo y la belleza en que se funda el poema, aparece también, sólo dos páginas después, en “La arquitectura efímera del tiempo”
            Ya los tres primeros textos muestran claramente la madurez a que hacemos referencia arriba, especialmente en el difícil, pero excelentemente resuelto, “El corazón del mármol”, sobre la escultura de tema mitológico, clásico y ya universal, El rapto de Proserpina, de Bernini. Sorprende entonces, al pasar la página, encontrarse con un espléndido “Elogio del llano”, de interés meramente personal y comarcal, que nos recuerda al Claudio Rodríguez de siempre, para continuar con el breve pero eficaz metapoema “Respiración”, que firmarían sin titubeos un Siles o un Corredor-Matheos; y otra vez volver poco después, en “Esta música”, y con la excusa del aria clásica de Monteverdi Si dolce è il tormento, a lo excelso, a lo que tiene vocación de universal y eterno. Y, así, van intercalándose, siempre con el mismo gusto y bajo el mismo tono moderado pero emotivo y un lenguaje directo y preciso, casi pedagógico, composiciones de asuntos y pretensiones variadas, alternando lo de índole más particular e intrascendente con lo más elevado y global.
            Del conjunto, ya uniforme dentro de su altura, hemos de destacar, no obstante, aparte de los ya citados, por su diversa singularidad, “Estalactitas”, “Correspondencias con un fraile” (otra vez San Juan de la Cruz), “Don de la inocencia”, “Luciérnagas”, “Nubes en la tormenta”, “Apreciación” y “Exilios”, cuya inspiración y perfecta hechura hacen muy difícil para su autor superar esta entrega, si no es inventando otras formas y otra voz, ya que con éstas lo ha dicho casi todo.

Valentín Carcelén,
10 de febrero de 2015.


domingo, 21 de diciembre de 2014

WENDY COPE. UN POEMA NAVIDEÑO DE "FAMILY VALUES"

CATHEDRAL CAROL SERVICE

(Wendy Cope, Family Values, Faber&Faber, 2011)

Those of us who are not important enough
To have places reserved for us,
And who turned up too late to get a seat at all,
Stand in the nave aisles, or perch on stone ledges.

We shiver in the draught from the west door.
We cannot see the choir, the altar or the candles.
We can barely see the words on our service sheets.

But we can hear the music. And we can sing
For the baby whose parents were not important enough
To have a place reserved for them,
And who turned up too late to get a room at all.



OFICIO DE VILLANCICOS DE LA CATEDRAL

Aquellos de nosotros que no somos lo bastante importantes
para tener lugares reservados,
y aparecimos demasiado tarde para tener algún asiento,
estamos de pie en naves laterales, o en repisas de piedra encaramados.

Tiritamos por la corriente de la puerta oeste.
No alcanzamos a ver el coro, el altar o los cirios.
Apenas si podemos ver las palabras de nuestras páginas del oficio.

Pero podemos escuchar la música. Y podemos cantar
por el niño cuyos padres no eran lo bastante importantes
para tener reservado un lugar,
y aparecieron demasiado tarde para tener un sitio.

Traducción: Valentín Carcelén,

Diciembre de 2014.

sábado, 22 de noviembre de 2014

domingo, 16 de noviembre de 2014

domingo, 2 de noviembre de 2014

RAFAEL GUILLEN: TRES POEMAS DE "LOS ESTADOS TRANSPARENTES".




Rafael Guillén (Granada, 1933) ha obtenido el Premio Internacional de Poesía "Federico García Lorca" en su novena edición. Con su libro LOS ESTADOS TRANSPARENTES, obtuvo en 1994 el Premio Nacional de Poesía. 
     Este poeta y este libro no han sido, a pesar de estos tardíos galardones, lo suficientemente leídos y reconocidos. Autor de más de treinta poemarios, cuatro libros de prosas viajeras, y alguno más de ensayo, la calidad de su obra merece mucha atención de la que se le dedica.
     LOS ESTADOS TRANSPARENTES (Los Libros de la Frontera-El Bardo, 1993) es una de las mejores colecciones de poemas desde su aparición. De él destacamos estos tres poemas:




PIEDRAS PARA UNA CATEDRAL DE MONET

     Con la estructura del quejido,
con la porosidad de la ternura,
con la dureza de la idea,
nace la piedra.

     Desde el contorno de la bruma,
desde la mansedumbre de la arena,
desde la floración de los almendros,
desde la terquedad de la sequía,
surge la piedra.

     Surge la piedra y se levanta
y crece en farallones y en convulsas
crestas de lava fría y se fragmenta
y llena los vacíos
que en la memoria van quedando.

     Basamentos, calzadas
que desgastó la cáliga, columnas
truncadas en su gloria, aras
de inmolación, pirámides
funerarias, estatuas, foros, arcos
de triunfo y de miseria.

     Surge la piedra y se levanta
en gritos megalíticos, en fósiles
lamentaciones, en cavernas
con bocas, y gargantas que vomitan
soledad, en llamadas
al más allá, en preguntas.

     Claustros, pórticos, olas
de espuma leve y sólida, crujías,
rosetones y enigmas, ornamentos
de duro encaje, agujas,
cornisas voladoras, campanarios,
torres alzadas al vacío, templos,
catedrales talladas
por el hombre, en donde el hombre mismo
mira hacia arriba y tiembla.

     Como a través de un agua removida,
como en el parpadeo de un relámpago,
como vista entre lágrimas,
late rosa la piedra.

     En las puertas del tiempo martillean
las pulsaciones de la piedra.


OTOÑO EN LLAMAS

Como cada noviembre, las tristezas doradas
del otoño llamean
en los castaños. Sube de los barrancos hasta
la nieve de los picos un confuso revuelo
de amarillos y malvas y, entre las peñas, cuelgan
los pueblos como blanca ropa tendida. Todo
vuelve a la transparencia.
El silencio aún no ha dicho su última palabra.

La azada al hombro, un viejo
de estopa y cuero baja bordeando bancales
camino de Atalbéitar. En sus ojos azules
no hay preguntas. Le queda
la eternidad entera para que alguien le explique
qué es esto de la vida.

Como un zorzal tocado
por el plomo furtivo, una hoja marchita
desciende dando tumbos de lo alto del álamo.


DE LA MATERIA DE LOS TAXIS

     De nuevo te esperé en el desconsuelo
de la esquina. Por el bullicio oscuro 
iban, venían rojos autobuses,
acharolados taxis que, ocupados,
se detenían un segundo antes
del desencanto. La farola daba
entintado de "comic" a la espera.

     Los taxis están hechos con materia
de soledad, de presurosos besos,
de palabras sin terminar, de rápidos
adioses, de cabezas que se vuelven
como pidiendo auxilio. Cada taxi
va tejiendo y tejiendo su capullo
de seda por las calles, va encerrando
su mariposa entre los hilos tensos
de la ciudad que gime y que lo envuelve.

     ¿Por qué querer es esperar? La lluvia
tenaz parpadeaba en el cambiante
neón de Picadilly y los neumáticos
por el asfalto sonaban
como el desuello de una piel inmensa.
Todo el desecho de la prisa iba
acumulado en los asientos turbios
de los taxis. Su tántalo destino
era llegar para volver de nuevo.

     Los taxis se alimentan de colillas,
de tersos portafolios, de monturas
de gafas, de coronas funerarias,
de perfumados guantes, de pañuelos 
inmundos, de paraguas olvidados.
El horizonte de los taxis nace
a espaldas de la luz, está poblado
de sanatorios y consultas, linda
con discos y semáforos, discurre
por negocios y apremios y legajos.

     ¿A dónde va el amor cuando no acude
a nuestra cita? Una lenta hilera
de gotas resbalaban por el borde
de la farola anochecida. Un golpe
de tos quebrada restalló muy cerca 
de mi bufanda.El viento me azuzaba
los mastines del frío





martes, 26 de agosto de 2014

JULIO CORTÁZAR: 100 AÑOS. Capítulo 68 de RAYUELA




El maestro Cortázar habría cumplido hoy 100 años. Como unos de los más grandes escritores de todos los tiempos, merece todos los reconocimientos y conmemoraciones.
Nuestra mínima aportación en esta entrada es el enlace  a la insuperable entrevista, de más de dos horas, que Joaquín Soler Serrano le dedicó en el programa cultural de Radiotelevisión Española A FONDO, allá por la segunda mitad de los años 70. 
Además dejamos abajo este monumento de la creación literaria que es el capítulo 68 de su obra más ambiciosa, Rayuela:


68


Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y cañian en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas y todo se revolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.


jueves, 7 de agosto de 2014

HILARIO BARRERO PUBLICA TINTA CHINA

  




El poeta toledano afincado en Nueva York Hilario Barrero publica en Cuadernos de Salima, nº 3, Cylea Ediciones Tinta China, una serie de noventa y nueve haikus de diversa temática. Con algunos, es inevitable pensar en las greguerías de Ramón. El volumen, de muy reducidas dimensiones, como corresponde, está dividido en 4 partes: Calendario perpetuo, Aroma de eucalipto, Tinta China y Santoral ateo. Éstas son tres de las composiciones del libro:














CALIGRAFÍA

Sobre el reflejo
la gaviota firma
con uve doble



IDENTIDAD

La nieve siente
sus huellas digitales
falsificadas.



ATARDECER

Ese momento
en que la luz respira
con sombra propia.









lunes, 4 de agosto de 2014

EL "ESPACIO INTERIOR" DE FRANCISCO JIMÉNEZ CARRETERO



El barrajeño Jiménez Carretero, apreciado amigo y poeta más que apreciable, suma a su extensa lista de publicaciones y premios poéticos, el XVIII Premio de Poesía Aurelio Guirado, 2014. ESPACIO INTERIOR es el título de la colección con que lo ganó. Recientemente editado en Acanto-la sierpe y el laúd, Cieza, de él extraemos el poema que abre la serie y el que la cierra, que además le da título:



COMO LLUVIA DE OTOÑO

Miro las nubes irse a no sé dónde
después de hacerse lluvia
sobre el reseco labio de los campos
y el tiempo se azulea de luz tras la tormenta.
Pájaros en bandada sobrevuelan
rozando, levemente, con sus alas
el aire que tampoco se detiene.
¡Qué dulce transparencia nos iguala
cuando apenas otoño hace su entrada
y todo lo intangible permanece!

Miro los años irse a no sé dónde
como si contemplara
el humo de una hoguera al disgregarse.
La vida suelta amarras, sin pasaje de vuelta,
por un mar proceloso que conduce a otro espacio,
resumen del silencio, y del que no se regresa.

Igual son estos signos que canta la memoria,
señales evidentes
de que el tiempo devora
la llama de un instante,
                                              lo que dura la vida.




ESPACIO INTERIOR
Tal vez en esos espacios sin espacio
esté lo que buscamos.
R. JUARROZ

¿En dónde los espacios todavía vacíos?
¿La noche mineral que los acoge
o el día que los alumbra
con la luz desde el pico de una estrella?

Entre el tú y el yo
queda un espacio apenas contenido

donde caben un bando de jilgueros,
un puñado de lirios impolutos
y un vientre dilatado fecundado con besos.
Todavía hay un hueco a la altura del crepúsculo,
donde cantan las nubes su fecunda llovizna
y al ardor de una hoguera inextinguible
nos florecen el trigo y los racimos.

Tal vez, en ese espacio apenas sin espacio,
detrás de un horizonte transparente
de sosegada brisa,
nos crezcan como tallos las alas del amor
y el corazón, de indeciso latido,
acompase su ritmo al de los silencios
que pueblan las etéreas partituras.

¿En dónde los espacios todavía vacíos?
Tal vez en esos espacios sin espacio
esté lo que buscamos.