POEMAS, RESEÑAS DE LIBROS DE POESÍA, TRADUCCIONES, HAIKU.

domingo, 19 de enero de 2020

"Casado, Carcelén y Navarro. Poetas de hoy y de siempre". ARTÍCULO DE ALFONSO GONZÁLEZ-CALERO EN ABC ARTES & LETRAS.






ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Casado, Carcelén, Navarro: Poetas de hoy y de siempre


Tres poetas de Castilla-La Mancha que siguen publicando la mejor poesía




Actualizado:

Miguel Casado (Valladolid, 1954), Valentín Carcelén (Madrigueras, Albacete, 1964) y F. Javier Navarro (Tomelloso, 1994) son ejemplos de tres poetas, nacidos o afincados en Castilla-La Mancha, que siguen publicando la mejor poesía, demostrando que ésta, si es buena, es intemporal y ayuda a definir el espíritu del tiempo en que vivimos.
Miguel Casado, profesor, ya jubilado, traductor y crítico literario, residente en Toledo desde 1996, es además un notable poeta, de una obra no excesivamente abundante. Ahora la editorial toledana Mochuelo libros, en su colección Ultramarina, al cuidado de Federico de Arce, le ha editado este «Allí donde nombraste la estepa», una antología personal de su propia obra publicada entre 1984 y 2004. Su poesía está hecha de una mezcla de reflexiones en torno a la naturaleza y el tiempo humano, de evocaciones y aproximaciones al presente, de referencias cultas y experiencias íntimas, tamizadas por un ritmo no siempre fácil de desentrañar en una primera lectura pero que puede agarrarnos si persistimos en su hondura y en su misterio. «….. no tenemos// sino movimiento, la luz se apaga// en cuanto paramos, no sirve// siquiera lo hecho antes, siquiera// para consolarse. Del desconsuelo// es la alegría……» nos dice en un poema titulado«Taller del Moro».

Valentín Carcelén, también profesor -de inglés-, aún en activo y asimismo traductor, nos ofrece ahora en la interesante editorial albaceteña Chamán su quinto poemario, «El momento». Miembro en su época del grupo poético de La Confitería, Valentín ha seguido su carrera en solitario y ha cultivado diferentes géneros literarios, como el haiku o la producción teatral.
Este nuevo poemario, más vital, más pegado a la literatura y más desprovisto de artificios, indaga en temas esenciales como la paternidad (en tanto que hijo y padre); en el tiempo que pasa inexorable y nos transforma (a paisajes y a personas); en la naturaleza, escenario donde todo se manifiesta, etc.
Como señala su amigo, el también poeta y crítico Arturo Tendero a propósito de este libro: «El tiempo ha transcurrido y el poeta lo acusa, da fe y se afirma en la escritura para contenerlo». Para rematarlo, en palabras del propio poeta: «¿De qué azul era el cielo // aquel verano? ¿De qué azul el mar// detrás de tanta infancia? // No hay color en la luz de la memoria».

Por último, una breve referencia a Francisco Javier Navarro Prieto, quien con este libro, «El bello mundo», obtuvo a finales del año pasado el 22º premio Antonio Carvajal de Poesía Joven, y que acaba de ser editado por la prestigiosa Hiperión, de Madrid.
Es el más joven de los tres autores aquí mencionados, y se nota, mucho, en la propia composición de sus textos, en la rebeldía de sus afirmaciones y estructuras, en la forma de enfrentarse al mundo y a sus normas.
Su formación filosófica está muy presente en referencias que aparecen en sus textos (a veces en verso, otras en prosa), por ejemplo Hegel, Von Hofmannsthal, o los pintores Bacon o Schiele. Pero también en su forma de ver la realidad cotidiana, cruel muchas veces, a través de una nota de periódico o de la noticia de un telediario. Todo pasado por el matiz de su propia mirada, nada complaciente, escrutadora y crítica. «la cuestión es romper al yo// no sabíamos a quién pertenecían los dedos que cogieron el pincel// ir un poco más allá del yo para ver a quién// lo que sí sabemos es que unió ambas manos».

Tres autores, tres edades, forjando una poesía de ayer, de hoy y de siempre, que configura nuestra cultura y nuestro mundo.

lunes, 6 de enero de 2020

ARTURO TENDERO RESEÑA "EL MOMENTO" EN El mundanal ruido



Valentín Carcelén: El momento

Foto: David Lillo
VALENTÍN CARCELÉN
El momento
Chamán, Albacete, 2019



«Las cosas se nos mueren en las manos / como la luz, la edad, las pausas del silencio, / el agua que, al romperse, reconstruye / para nosotros / el origen del mundo».
Después de quince años de probarse en otros géneros como el teatro, el haiku o la traducción, Valentín Carcelén (Albacete, 1964) regresa a la poesía. Lo hace cambiado, como no podía ser menos, elaborando más la meditación que en libros anteriores. Por ejemplo en Diario Ausente (2004) llegaba a veces enigmática, escamoteándonos algunos referentes. El tiempo ha transcurrido y el poeta lo acusa, da fe y se afirma en la escritura para contenerlo: «No es el tiempo el que pasa. Un hormiguero / está surgiendo bajo mis pisadas. / No es el tiempo, soy yo. Es la luz del día». Carcelén viene del campo, de la agricultura familiar, y con esos materiales alimenta sus versos: celebra que haya vuelto el viento del otoño, entierra en el viñedo al perro fiel, contempla la quietud de un horizonte al que solo cabe mirar haciendo visera con la mano: «Yo quisiera un abrigo de sosiego / contra el vuelo rasante de los calendarios». También su oficio de profesor y su condición de padre afloran para proponer soluciones a un mundo que se nos está agotando: «los hijos tiene que saber la luna / y tienen que saber / dónde la leña y cuándo hay espigas, / la verdad del otoño, la causa de la nieve. / Pero también que el don de la palabra / trasciende la razón de la existencia / y es anterior y posterior a todos / los hechos naturales y sobrenaturales». La claridad de Eloy Sánchez Rosillo, la agudeza de Claudio Rodríguez se adivinan como un rumor de fondo bajo la voz del poeta que también ha traducido a Larkin y a Samuel Johnson. En la vida siempre pasa que el tiempo acaba imponiéndose hasta ser protagonista. Esta certeza nos iguala: «todo cuanto, por ser humano, siento y siente / en mí toda la humanidad…». Por eso el libro se llama El momento, la única dosis en que podemos salvar fragmentos de vida: «El lugar es el tiempo. / ¿No recordáis ciudades, o trozos de ciudades / prendidos para siempre a un momento / inolvidable?».


https://articulosdearturotendero.blogspot.com/2020/01/valentin-carcelen-el-momento_4.html?spref=fb&fbclid=IwAR2lyvhAzWYHpOg_MfAW_BJcWrqquHA5JGP8396hZjO-RkE086O4znDcU24

viernes, 24 de mayo de 2019

sábado, 8 de diciembre de 2018

jueves, 28 de septiembre de 2017

SI DESCUBRES UN INCENDIO, de Alberto Conejero. Reseña en VÍSPERAS

SI DESCUBRES UN INCENDIO
Alberto Conejero
La Bella Varsovia / Poesía
Septiembre 2016.

Muy lejos quedan ya los tiempos en que los dramaturgos o novelistas de prestigio tenían que ceder inevitablemente a la tentación de escribir poesía, con diversa fortuna, como fue el caso del Duque de Rivas, Valle-Inclán o Unamuno, o en los que los grandes poetas probaban su talento en el campo del teatro, también con diversa fortuna, como Espronceda, Alberti o Miguel Hernández, por ejemplo -nos reservamos intencionadamente a García Lorca por ser tan importante como poeta como dramaturgo, y en ambos casos, cima. Más lejos aun, hasta el Siglo de Oro, hay que retroceder para dar con un momento en el que la medida de un escritor la daban el número de “comedias” representadas y el éxito de las mismas y no la publicación de poemas u obras de cualquier otro género -recordemos aquí que el propio Cervantes se tenía por un escritor mediocre al ser un autor teatral y un poeta fracasado, a pesar del éxito que vivió su obra novelística.
            No es fácil encontrar a lo largo de nuestra literatura, aparte del citado García Lorca y sobre todo de Lope de Vega, escritores que cultiven con igual predicamento teatro y poesía, y desde luego no en las últimas muchas décadas, marcadas en cuanto a la creación y el consumo literarios por una preferencia de la novela o incluso la poesía en detrimento del género teatral y, en general, por una mal entendida especialización que pretende relegar a los autores y expertos en unas disciplinas en puros analfabetos respecto a otras. Por eso, no deja de sorprendernos, y a la vez de alegrarnos, la incursión de un dramaturgo con una obra consolidada y reconocida en el terreno, siempre incierto y arriesgado, de la lírica.
            Es el caso de Alberto Conejero (Jaén, 1978), quien, a pesar de su juventud, es autor de un importante número de éxitos teatrales: Húngaros (2000), Premio Nacional de Teatro Universitario; Cliff (2010), Premio Leopoldo Alas Mínguez de Literatura dramática; Ushuaia (2013), premio Ricardo López de Aranda; La extraña muerte de una cupletista contada por su perro (2014); La piedra oscura (2014), distinguida con el premio a la mejor creación original, con el Premio Ceres, el Premio José Estruch y con el Max al mejor autor teatral 2016; y Todas las noches de un día (2015), con el que ganó el III Certamen de Textos Teatrales de la AAT.
Con Si descubres un incendio se inicia en la poesía, pero el libro no parece en modo alguno una colección de primeros poemas al uso; no nos parecen precisamente estos versos los de un poeta diletante. “Desde antes que el teatro le abriera paso, Alberto Conejero estaba con el fuego en la poesía”, dice Antonio Lucas al inicio del prólogo; y poco más adelante: “A. C. se estableció en la literatura con una sed que desaloja ríos, pero en el principio fue el poema.” Y en el segundo párrafo, insiste: “Hablamos de un hombre de teatro, pero no solo. Hablamos de un poeta.” En realidad, gran parte del prólogo, más creativo que académico, está dedicada a reforzar esta idea: “La poesía es la forma de pensar de este hombre.”
El título, que, como es costumbre, da nombre también al primero de los treinta textos que componen la colección y a la primera de las tres partes en que se estructura, está prestado de un mensaje de emergencia de los trenes de la RENFE, “Si usted descubre un incendio o humo en algún vehículo”, y figura como cita de ese primer poema. Pero la cita que introduce el libro, de uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX, Tennessee Williams, es sin duda más aclaratoria: “y así es como la gente muere incendiada en los hoteles”, y no es, como sería de suponer, de ninguno de sus dramas, sino del poema CONTAR LA VIDA, de su libro de 1956 En el invierno de las ciudades. Williams publicó en 1977 una segunda entrega de poemas, Androgyne, mon amour, y nos deja –¡oh, casualidad!- otro ejemplo de prestigioso autor teatral seducido por la magia de los versos.

Según el poema CONTAR LA VIDA, “después de acostarte por primera vez con alguien (…) enciendes un cigarrillo (…) uno de ustedes cae dormido, y la otra persona hace lo mismo con un cigarrillo encendido en la boca, y así es como la gente muere incendiada en los hoteles.” Si descubres un incendio es un libro de amor que quiere apartarse de los tópicos de la tradición poética amorosa que representan Neruda, Salinas, Hernández, Aleixandre u Otero, por citar algunos de los autores más representativos; se pretende actualizar temas clásicos, como el carpe diem o tempus fugit, de los que nunca se aleja. Hay mucho amor en los trenes (ver CRUCIGRAMA, en página 31), en los hoteles (el soneto HABITACIÓN DE HOTEL, en la 44), en las ciudades (ERA MADRID LA CIUDAD, 45). Hay, en fin, mitología, Shakespeare, astronomía, largos viajes y hondas lecturas en la mochila, hay también un recuerdo a Carlos Bousoño y a María Zambrano, y hay hasta un romancillo con título en inglés: ANOTHER FUCKING LOVE SONG (página 38). Demasiada labor, demasiada sabiduría, demasiada inspiración, demasiada pasión, demasiadas cosas buenas para dejarlas pasar.

sábado, 14 de enero de 2017

POESÍA COMPLETA de César Simón


Resultado de imagen de cesar simón poesía completa

Reseña completa publicada en la revista VÍSPERAS el 12 de enero:





César Simón POESÍA COMPLETA

Edición y prólogo de Vicente Gallego
Bibliografía de Begoña Pozo
EDITORIAL PRE-TEXTOS
BIBLIOTECA DE CLÁSICOS CONTEMPORÁNEOS
Valencia, abril de 2016.






 “Hay un saber más alto que la inteligencia,
un ligero fervor silencioso y musical,
(…);
es un acorde discursivo, de palabras mudas,
pero que nada afirman, sin embargo.”

César Simón, QUINCE FRAGMENTOS SOBRE UN ÚNICO TEMA, V.


Desde hace ya mucho tiempo, Vicente Gallego –se nos permitirá aquí no detenernos en sus datos biográficos ni en su amplia y reconocida trayectoria literaria- ha dado sobradas muestras de su admiración y devoción por los poetas “del 50”. Y no sólo por los más conocidos, imprescindibles, los incluidos en la antología de Juan García Hortelano que dio nombre al grupo, EL GRUPO POÉTICO DE LOS 50 (Taurus, 1978), y en la que están, por ejemplo, Ángel González, Caballero Bonald, Gil de Biedma, Valente, Brines o Claudio Rodríguez, sino también por otros nombres que, por diversas razones, no disfrutaron entonces del mismo reconocimiento. De hecho, a algunos de ellos (Ricardo Defarges, Luis Feria, Manuel Padorno, Fernando Quiñones, Tomás Segovia y César Simón) les dedicó hace ya once años la antología EL 50 DEL 50 (SEIS POETAS DE LA GENERACIÓN DEL MEDIO SIGLO), (Pre-Textos, 2006), una colección que, si no completa, sí complementa con justicia la de García Hortelano. Además, el mismo año publica también la antología poética de César Simón UNA NOCHE EN VELA (Renacimiento, 2006), que hoy queda acaso como un ejercicio preparatorio o un adelanto del volumen que presentamos ahora.
            Este contexto justifica sólo en parte la edición de esta POESÍA COMPLETA de César Simón a cargo de Vicente Gallego; la otra parte se fundamenta en la estrecha relación personal, de conocimiento y amistad, que existió entre ambos poetas, prácticamente desde el momento en que Gallego empezó a asistir a las clases de Simón en la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia y hasta el fallecimiento de éste en 1997. Porque en este libro ha puesto Gallego mucho más que su intención, su saber y un prólogo, por cierto, de más de sesenta páginas: junto a su deseo de homenajear y reivindicar la figura de César Simón como uno de los grandes poetas en castellano del último tercio del pasado siglo, ha puesto también, y sobre todo, su corazón. Sólo así, y contando incondicionalmente con la decisión cómplice y acertada de los responsables de una gran editorial especializada en poesía, Editorial Pre-Textos en este caso, se explica el resultado final.
            Y el resultado final no es simplemente “un libro más de poesía”. Ni mucho menos. La edición, impecable, a cargo de Manuel Ramírez, en la colección BIBLIOTECA DE CLÁSICOS CONTEMPORÁNEOS, en tapa dura, de tela, de extremadamente cuidada encuadernación, en fino papel, sonoro y noble, reúne por primera vez la totalidad de los libros de poemas de C.S. ya editados, desde PEDREGAL, de 1970, a EL JARDÍN, de 1997, más el inédito EL PRETEXTO Y EL FERVOR, además de otros textos no incluidos por su autor en segundas ediciones, y otros que nunca antes fueron publicados en ninguna colección, en Apendices I  y II, respectivamente. Contiene también, al cuidado de Begoña Pozo, una amplia sección de bibliografía actualizada y dividida en dos partes: la primera, “Sobre César Simón”, a su vez ordenada en Artículos, Libros, Entrevistas y Antologías; la segunda, “De César Simón”, ordenada en Artículos, Ensayos, Narrativa, Traducciones y Poesía.
            Por todo esto, ya podríamos decir que estamos ante un producto distinto y sobresaliente en el ámbito de la reciente edición de poesía y sólo por ello valdría la pena poseer el volumen, y manejarlo, abrirlo, hojearlo, leerlo, tenerlo a mano y releerlo con cierta frecuencia, descubrirlo y redescubrirlo, volverse a deleitar con su tacto e ir revisitando alguna de sus páginas preferidas. Pero hay más:
A veces, de vez en cuando, nos encontramos con obras completas de grandes autores, con inéditos incluso, bibliografía necesaria, en ediciones de alta calidad, con interesantes prólogos o estudios introductorios; a veces, muy de vez en cuando, otros son capaces incluso de revelar a un escritor hasta entonces no lo suficientemente conocido para un gran número de lectores, y lo revalorizan, situándolo ya para siempre junto a los clásicos; pero muy, muy pocas veces nos encontramos, además de con todo lo anterior, con un acto tan sincero y logrado de reconocimiento y veneración por el poeta, el maestro y el amigo. Y esto es lo que consigue Vicente Gallego con esta POESÍA COMPLETA de César Simón. Y lo consigue con el insólito, emotivo, admirable prólogo, en el que pone ese corazón al que nos referíamos en el segundo párrafo.
En las 10 partes en que se divide ese extenso prólogo, hay espacio para casi todo. No hay sitio ni tiempo, sin embargo, para detalles biográficos, y a explicarlo dedica la primera parte, Biografía y vivencia; explicación que remata al comienzo de la segunda, Un clásico en el corazón: No es sólo mi deseo de ir a lo que importa lo que me ha llevado a dejar aparte los temas biográficos y de circunstancia literaria; es, sobre todo, mi profundo respeto por la obra del maestro.” A sus “rasgos humanos” más personales destina Gallego la siguiente, La vida secreta, la más larga –casi un tercio del total- y sin duda la más interesante por desvelar lo más hondo, lo más intimo del poeta y del hombre, y que sólo quien compartió con él momentos de confianza y fraternidad puede conocer y dar a conocer. En la cuarta parte, Cuidado con el adjetivo, se dan algunas claves, utilísimas, a la vez que se comentan algunas reflexiones del propio C.S. para entender su poesía, algunas de las cuales siguen después en la titulada Un místico de la carne. Y, en realidad, independientemente del título de cada parte del prólogo, a lo largo de todas ellas, podemos encontrar, perfectamente armonizados, valiosísimos datos, recuerdos, citas y digresiones sobre poesía y existencia, todo en un sentido, terapéutico monólogo  de Vicente Gallego que es también diálogo con César Simón y con el lector, y que en el fondo, insistimos, quisiera ser testimonio definitivo de  gratitud y amor, que nos conmueve y nos convence. Se nos permitirá, para terminar y dar una ligera idea de lo dicho, copiar las últimas líneas:
“Esto es todo. Sólo me queda reiterar la profunda gratitud que siento, pues la vida ha decidido encargarme del cuidado de una de las obras más auténticas que ha dado la poesía española escrita en nuestro idioma, la de ese hombre al que tanto quise. César, maestro, hermano, levanto mi copa con una bebida amarga –como tú lo hacías, viejo solitario-, y brindo por ti, por todo  lo vivo y verdadero que en ti cantaba, que seguirá siembre cantando.”

A partir de aquí, 350 densas páginas de poesía indiscutible y necesaria, cerrando un conjunto que a nuestro criterio hace de esta publicación uno de los mejores libros de poemas –si no el mejor- de entre los muchos editados en nuestro país durante el año 2016.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Reseña de UNA PAZ EUROPEA en VÍSPERAS

UNA PAZ EUROPEA, de FRUELA FERNÁNDEZ
PRE-TEXTOS, POESÍA.

Unos versos de John Berger, “El último día del año/ todas las ciudades pueden disfrazarse/ Impune, Marrakech se prueba la ropa de París/ Madrid se sueña libre/ Trinidad revienta el Banco de Inglaterra”, anteceden, a modo de cita, al conjunto de quince poemas o partes que conforman Una paz europea, del asturiano Fruela Fernández (Langreo, 1982).
            Estos versos del pintor, crítico de arte y escritor británico, así tomados aisladamente, en apariencia, poco o nada tendrían que ver con la obra que nos ocupa, Una paz europea. Sin embargo, nada más alejado de la realidad: esas líneas corresponden a uno de los textos de Un séptimo hombre, “un libro de imágenes y palabras sobre la experiencia de los trabajadores emigrantes en Europa”, según es su subtítulo. Este libro apareció originalmente en 1974, “hecho” por: Sven Blomberg, pintor; Richard Hollis, diseñador; Jean Mohr, fotógrafo, y el propio John Berger. En 2002, aparece la versión en español, a cargo de Eugenio Viejo, publicada por Huerga y Fierro. La explicación a tan singular título viene en el primer texto del álbum, el poema de Attila József, El séptimo, pero viene también, sobre todo, en el segundo, un párrafo que copiamos íntegramente:
“En Alemania (y en Gran Bretaña) uno de cada siete trabajadores manuales es emigrante. En Francia, Suiza y Bélgica alrededor del 25% de la mano de obra industrial la forman extranjeros.”
Otros versos, ya en la página 17, “No es posible la paz/ mientras algún estado/ pueda adquirir a otro/ por herencia/ cambio/ o donación”, adaptación del punto 2 de la breve pero impensablemente adelantada y vigente obra de Kant, La paz perpetua, de 1795, terminan de darnos el marco, los parámetros y la motivación suficiente para adentrarnos en la lectura de estas escuetas 45 páginas.
Así,  lo que vamos a encontrar en Una paz europea es una poliédrica reflexión, desde la experiencia propia y familiar, sobre el fenómeno que generalmente conocemos como “emigración” a lo largo de las últimas décadas en Europa, y sus causas y repercusiones económicas, sociales, políticas y culturales, y cómo éstas han marcado y marcan a las personas, a las familias,  a los pueblos. A otro nivel, se insiste en la idea del desequilibrio entre los países del norte, más industrializados y necesitados de mano de obra, y los países del sur, necesitados de trabajo. El ajuste puntual y transitorio de esas dos “necesidades” es lo que, en irónica propuesta, entendemos aquí como “paz europea”.
Una paz europea se editó a principios de este año en Pre-Textos, Poesía, tras obtener el último Premio “Villa de Cox” (Alicante). Es la tercera obra poética que publica F. Fernández (Círculos, KRK, 2001 y Folk, Pre-Textos, 2013), que trabaja como profesor en la Universidad de Newcastle y ha centrado gran parte de su labor literaria en la traducción del alemán, inglés y francés de un gran número de poetas europeos: H. von Hofmannsthal, M. Louise Kashnitz, Kevin Venneman, Patrick Kavanagh, Georges Rodenbach o Kafka, entre otros. A pesar de lo expuesto y pese al título, y aunque no está exento de una marcada preocupación social, el libro quiere huir de lo trascendental o lo ambicioso, y de lo meramente reivindicativo. En realidad, el autor va intencionadamente hacia lo más personal: sus vivencias como expatriado (el libro está escrito a lo largo de 3 años entre Langreo y las ciudades británicas Hull, Leeds y Newcastle),  su familia de emigrantes y exiliados, su pasado y el de sus antepasados (“Treinta quilómetros en trescientos años,/ como si lleváramos el valle a cuestas”, página 11), su habla y sus raíces (son muy numerosos los términos de léxico asturiano y de topónimos del concejo de Langreo); y algunas experiencias duras, seguro que imborrables por mucho tiempo, y los aprendizajes que inevitablemente conforman su bagaje cultural y vital. Alguna pregunta no explícita parece sobreentenderse bastante antes de terminar la lectura: “¿Qué ha cambiado en este ámbito desde que sus abuelos emigraron tras la guerra?”. Con anterioridad, en la página 13, leíamos: “Mi exilio y tu éxodo no caben en una cama de noventa”.
Es, por tanto, un libro de memorias, de la propia y de la colectiva de una familia, como tantas, de tradición emigrante, y son esas memorias el hilo conductor de la historia de viajes y regresos, nostalgias y reencuentros que se va desgranando a lo largo de las quince escenas descritas los poemas. El primero de ellos, por ejemplo, nos encuadra perfectamente en el escenario principal de esa historia: el valle de Langreo (“Por la parte de Paxumal…”), nos presenta a los personajes, el narrador y su abuelo, y nos pone en situación: un diálogo intergeneracional (“Mi abuelo saca dos sillas de la chabola. Sabes tú que nun soy de muchu charrar, pero le gusta que nos sentemos fuera…”). El último nos lleva a la Plaça del milicia desconegut, hoy Plaça de Sant Josep Oriol, en Barcelona, a ver cómo han cambiado las cosas en ese espacio desde 1936 (“Ahora a la guerra de clase la llaman turismo, la llaman movilidad.”).


Septiembre de 2016.








lunes, 8 de agosto de 2016

ESCRITO EN LA NADA



Quiero un poema que no diga nada
Y que no hable de nadie, o de cualquiera;
Que no dé cuenta de la primavera
O la pasión que enciende una mirada.

Y que esté en todas partes, y en ninguna,
Y que nadie leer ni oír pudiera.
Yo no sé qué poema, o qué quimera
Quiero: perro ladrándole a la luna.

Repudio el son de las caligrafías,
La voz que significa mucho o cuánto,
Y pone límites al infinito.

Temblor del alma, rosa de los días,
Busco, y no sé por qué lo busco tanto,
Un poema que esté en la nada escrito.



domingo, 19 de junio de 2016

JOSÉ ÁNGEL VALENTE: LA FASCINACIÓN DEL ENIGMA

Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema habría de retener aún de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma.

Éste es el comienzo de "Cómo se pinta un dragón", el texto introductorio de Obra poética 2. Material Memoria (1977-1992), de José Ángel Valente. De esta antología, una pequeña muestra:
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CINCUENTENARIO

En mi cincuenta aniversario,
sólo o mientras se oía
el piano de Thelonios Monk mojado por la lluvia,
tuve dolor costal y fuertes calenturas,
coloqué como pude un pétalo en el ojo
izquierdo,
saqué brillo al derecho y fuerzas de miseria
y en posición marcial saludé a las modestas
señales del futuro.

(Mandorla, 1982)




XXXIII

Ya te acercas otoño con caballos heridos,
con ríos que rebasan el caudal de sus aguas,
con sumergidos párpados y vientres sumergidos,
con jardines que bajan descalzos hasta el mar.

Ya llegas con tambores enormes de tiniebla,
con largos lienzos húmedos y manos olvidadas,
con hilos que deshacen en aire la montaña,
con lentas galerías y espejos empañados,
con ecos que aún ocultan lo que ha de ser su voz.

Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros
desciende oscuro al fondo de tu luz.

(El Fulgor, 1984)