POEMAS, RESEÑAS DE LIBROS DE POESÍA, TRADUCCIONES, HAIKU.
miércoles, 9 de enero de 2019
jueves, 28 de septiembre de 2017
SI DESCUBRES UN INCENDIO, de Alberto Conejero. Reseña en VÍSPERAS
SI DESCUBRES UN INCENDIO
Alberto Conejero
La Bella Varsovia / Poesía
Septiembre 2016.
Muy lejos quedan ya los tiempos en que los dramaturgos
o novelistas de prestigio tenían que ceder inevitablemente a la tentación de escribir
poesía, con diversa fortuna, como fue el caso del Duque de Rivas, Valle-Inclán
o Unamuno, o en los que los grandes poetas probaban su talento en el campo del
teatro, también con diversa fortuna, como Espronceda, Alberti o Miguel
Hernández, por ejemplo -nos reservamos intencionadamente a García Lorca por ser
tan importante como poeta como dramaturgo, y en ambos casos, cima. Más lejos
aun, hasta el Siglo de Oro, hay que retroceder para dar con un momento en el
que la medida de un escritor la daban el número de “comedias” representadas y
el éxito de las mismas y no la publicación de poemas u obras de cualquier otro
género -recordemos aquí que el propio Cervantes se tenía por un escritor mediocre
al ser un autor teatral y un poeta fracasado, a pesar del éxito que vivió su
obra novelística.
No
es fácil encontrar a lo largo de nuestra literatura, aparte del citado García
Lorca y sobre todo de Lope de Vega, escritores que cultiven con igual
predicamento teatro y poesía, y desde luego no en las últimas muchas décadas,
marcadas en cuanto a la creación y el consumo literarios por una preferencia de
la novela o incluso la poesía en detrimento del género teatral y, en general, por
una mal entendida especialización que pretende relegar a los autores y expertos
en unas disciplinas en puros analfabetos respecto a otras. Por eso, no deja de
sorprendernos, y a la vez de alegrarnos, la incursión de un dramaturgo con una
obra consolidada y reconocida en el terreno, siempre incierto y arriesgado, de
la lírica.
Es
el caso de Alberto Conejero (Jaén, 1978), quien, a pesar de su juventud, es
autor de un importante número de éxitos teatrales: Húngaros (2000), Premio Nacional de Teatro
Universitario; Cliff (2010), Premio Leopoldo Alas Mínguez de Literatura
dramática; Ushuaia (2013),
premio Ricardo López de Aranda; La extraña muerte de una cupletista contada por su perro (2014); La piedra oscura (2014), distinguida con el
premio a la mejor creación original, con el Premio Ceres, el Premio José
Estruch y con el Max al mejor autor teatral 2016; y Todas las noches de un
día (2015), con el que ganó el III Certamen de Textos Teatrales de la AAT.
Con Si descubres un incendio se inicia en la poesía, pero el libro no
parece en modo alguno una colección de primeros poemas al uso; no nos parecen
precisamente estos versos los de un poeta diletante. “Desde antes que el teatro
le abriera paso, Alberto Conejero estaba con el fuego en la poesía”, dice
Antonio Lucas al inicio del prólogo; y poco más adelante: “A. C. se estableció
en la literatura con una sed que desaloja ríos, pero en el principio fue el
poema.” Y en el segundo párrafo, insiste: “Hablamos de un hombre de teatro,
pero no solo. Hablamos de un poeta.” En realidad, gran parte del prólogo, más creativo
que académico, está dedicada a reforzar esta idea: “La poesía es la forma de
pensar de este hombre.”
El título, que, como es
costumbre, da nombre también al primero de los treinta textos que componen la
colección y a la primera de las tres partes en que se estructura, está prestado
de un mensaje de emergencia de los trenes de la RENFE, “Si usted descubre un
incendio o humo en algún vehículo”, y figura como cita de ese primer poema.
Pero la cita que introduce el libro, de uno de los más grandes dramaturgos del
siglo XX, Tennessee Williams, es sin duda más aclaratoria: “y así es como la
gente muere incendiada en los hoteles”, y no es, como sería de suponer, de
ninguno de sus dramas, sino del poema CONTAR LA VIDA, de su libro de 1956 En el invierno de las ciudades. Williams
publicó en 1977 una segunda entrega de poemas, Androgyne, mon amour, y nos deja –¡oh, casualidad!- otro ejemplo de
prestigioso autor teatral seducido por la magia de los versos.
Según el poema CONTAR LA
VIDA, “después de acostarte por primera vez con alguien (…) enciendes un
cigarrillo (…) uno de ustedes cae dormido, y la otra persona hace lo mismo con
un cigarrillo encendido en la boca, y así es como la gente muere incendiada en
los hoteles.” Si descubres un incendio es
un libro de amor que quiere apartarse de los tópicos de la tradición poética amorosa
que representan Neruda, Salinas, Hernández, Aleixandre u Otero, por citar
algunos de los autores más representativos; se pretende actualizar temas
clásicos, como el carpe diem o tempus fugit, de los que nunca se aleja. Hay mucho amor en los trenes (ver
CRUCIGRAMA, en página 31), en los hoteles (el soneto HABITACIÓN DE HOTEL, en la
44), en las ciudades (ERA MADRID LA CIUDAD, 45). Hay, en fin, mitología,
Shakespeare, astronomía, largos viajes y hondas lecturas en la mochila, hay
también un recuerdo a Carlos Bousoño y a María Zambrano, y hay hasta un
romancillo con título en inglés: ANOTHER
FUCKING LOVE SONG (página 38). Demasiada labor, demasiada sabiduría, demasiada
inspiración, demasiada pasión, demasiadas cosas buenas para dejarlas pasar.
miércoles, 15 de febrero de 2017
EN EL BLOG DE HÉCTOR CASTILLA

Breve nota bio-bibliográfica, poética y selección de poemas.
sábado, 14 de enero de 2017
POESÍA COMPLETA de César Simón
Reseña completa publicada en la revista VÍSPERAS el 12 de enero:
César Simón POESÍA COMPLETA
Edición y prólogo de
Vicente Gallego
Bibliografía de Begoña
Pozo
EDITORIAL PRE-TEXTOS
BIBLIOTECA DE CLÁSICOS
CONTEMPORÁNEOS
Valencia, abril de 2016.
“Hay un
saber más alto que la inteligencia,
un ligero fervor silencioso y musical,
(…);
es un acorde discursivo, de palabras mudas,
pero que nada afirman, sin embargo.”
César Simón, QUINCE FRAGMENTOS SOBRE
UN ÚNICO TEMA, V.
Desde
hace ya mucho tiempo, Vicente Gallego –se nos permitirá aquí no detenernos en sus
datos biográficos ni en su amplia y reconocida trayectoria literaria- ha dado
sobradas muestras de su admiración y devoción por los poetas “del 50”. Y no
sólo por los más conocidos, imprescindibles, los incluidos en la antología de
Juan García Hortelano que dio nombre al grupo, EL GRUPO POÉTICO DE LOS 50
(Taurus, 1978), y en la que están, por ejemplo, Ángel González, Caballero
Bonald, Gil de Biedma, Valente, Brines o Claudio Rodríguez, sino también por
otros nombres que, por diversas razones, no disfrutaron entonces del mismo
reconocimiento. De hecho, a algunos de ellos (Ricardo Defarges, Luis Feria,
Manuel Padorno, Fernando Quiñones, Tomás Segovia y César Simón) les dedicó hace
ya once años la antología EL 50 DEL 50 (SEIS POETAS DE LA GENERACIÓN DEL MEDIO
SIGLO), (Pre-Textos, 2006), una colección que, si no completa, sí complementa
con justicia la de García Hortelano. Además, el mismo año publica también la
antología poética de César Simón UNA NOCHE EN VELA (Renacimiento, 2006), que
hoy queda acaso como un ejercicio preparatorio o un adelanto del volumen que
presentamos ahora.
Este contexto justifica sólo en
parte la edición de esta POESÍA COMPLETA de César Simón a cargo de Vicente
Gallego; la otra parte se fundamenta en la estrecha relación personal, de conocimiento
y amistad, que existió entre ambos poetas, prácticamente desde el momento en
que Gallego empezó a asistir a las clases de Simón en la Facultad de Filología
de la Universidad de Valencia y hasta el fallecimiento de éste en 1997. Porque
en este libro ha puesto Gallego mucho más que su intención, su saber y un prólogo,
por cierto, de más de sesenta páginas: junto a su deseo de homenajear y
reivindicar la figura de César Simón como uno de los grandes poetas en
castellano del último tercio del pasado siglo, ha puesto también, y sobre todo,
su corazón. Sólo así, y contando incondicionalmente con la decisión cómplice y
acertada de los responsables de una gran editorial especializada en poesía,
Editorial Pre-Textos en este caso, se explica el resultado final.
Y el resultado final no es simplemente
“un libro más de poesía”. Ni mucho menos. La edición, impecable, a cargo de
Manuel Ramírez, en la colección BIBLIOTECA
DE CLÁSICOS CONTEMPORÁNEOS, en tapa dura, de tela, de extremadamente
cuidada encuadernación, en fino papel, sonoro y noble, reúne por primera vez la
totalidad de los libros de poemas de C.S. ya editados, desde PEDREGAL, de 1970,
a EL JARDÍN, de 1997, más el inédito EL PRETEXTO Y EL FERVOR, además de otros
textos no incluidos por su autor en segundas ediciones, y otros que nunca antes
fueron publicados en ninguna colección, en Apendices
I y II, respectivamente. Contiene también, al cuidado de Begoña Pozo,
una amplia sección de bibliografía actualizada y dividida en dos partes: la primera,
“Sobre César Simón”, a su vez ordenada en Artículos,
Libros, Entrevistas y Antologías; la segunda, “De César Simón”, ordenada en
Artículos, Ensayos, Narrativa,
Traducciones y Poesía.
Por todo esto, ya podríamos decir
que estamos ante un producto distinto y sobresaliente en el ámbito de la reciente
edición de poesía y sólo por ello valdría la pena poseer el volumen, y
manejarlo, abrirlo, hojearlo, leerlo, tenerlo a mano y releerlo con cierta
frecuencia, descubrirlo y redescubrirlo, volverse a deleitar con su tacto e ir
revisitando alguna de sus páginas preferidas. Pero hay más:
A veces, de vez en cuando, nos encontramos con obras
completas de grandes autores, con inéditos incluso, bibliografía necesaria, en ediciones
de alta calidad, con interesantes prólogos o estudios introductorios; a veces,
muy de vez en cuando, otros son capaces incluso de revelar a un escritor hasta
entonces no lo suficientemente conocido para un gran número de lectores, y lo
revalorizan, situándolo ya para siempre junto a los clásicos; pero muy, muy
pocas veces nos encontramos, además de con todo lo anterior, con un acto tan
sincero y logrado de reconocimiento y veneración por el poeta, el maestro y el
amigo. Y esto es lo que consigue Vicente Gallego con esta POESÍA COMPLETA de
César Simón. Y lo consigue con el insólito, emotivo, admirable prólogo, en el
que pone ese corazón al que nos referíamos en el segundo párrafo.
En las 10 partes en que se divide ese extenso prólogo, hay espacio
para casi todo. No hay sitio ni tiempo, sin embargo, para detalles biográficos,
y a explicarlo dedica la primera parte, Biografía
y vivencia; explicación que
remata al comienzo de la segunda, Un
clásico en el corazón: “No es sólo mi
deseo de ir a lo que importa lo que me ha llevado a dejar aparte los temas
biográficos y de circunstancia literaria; es, sobre todo, mi profundo respeto
por la obra del maestro.” A sus “rasgos humanos” más personales destina
Gallego la siguiente, La vida secreta, la
más larga –casi un tercio del total- y sin duda la más interesante por desvelar
lo más hondo, lo más intimo del poeta y del hombre, y que sólo quien compartió
con él momentos de confianza y fraternidad puede conocer y dar a conocer. En la
cuarta parte, Cuidado con el adjetivo, se
dan algunas claves, utilísimas, a la vez que se comentan algunas reflexiones
del propio C.S. para entender su poesía, algunas de las cuales siguen después
en la titulada Un místico de la carne.
Y, en realidad, independientemente del título de cada parte del prólogo, a lo
largo de todas ellas, podemos encontrar, perfectamente armonizados,
valiosísimos datos, recuerdos, citas y digresiones sobre poesía y existencia,
todo en un sentido, terapéutico monólogo
de Vicente Gallego que es también diálogo con César Simón y con el lector,
y que en el fondo, insistimos, quisiera ser testimonio definitivo de gratitud y amor, que nos conmueve y nos convence.
Se nos permitirá, para terminar y dar una ligera idea de lo dicho, copiar las
últimas líneas:
“Esto es todo. Sólo me
queda reiterar la profunda gratitud que siento, pues la vida ha decidido
encargarme del cuidado de una de las obras más auténticas que ha dado la poesía
española escrita en nuestro idioma, la de ese hombre al que tanto quise. César,
maestro, hermano, levanto mi copa con una bebida amarga –como tú lo hacías,
viejo solitario-, y brindo por ti, por todo
lo vivo y verdadero que en ti cantaba, que seguirá siembre cantando.”
A partir de aquí, 350 densas páginas de poesía indiscutible y
necesaria, cerrando un conjunto que a nuestro criterio hace de esta publicación
uno de los mejores libros de poemas –si no el mejor- de entre los muchos editados
en nuestro país durante el año 2016.
sábado, 17 de septiembre de 2016
Reseña de UNA PAZ EUROPEA en VÍSPERAS
UNA PAZ EUROPEA, de FRUELA FERNÁNDEZ
PRE-TEXTOS, POESÍA.
Unos
versos de John Berger, “El último día del
año/ todas las ciudades pueden disfrazarse/ Impune, Marrakech se prueba la ropa
de París/ Madrid se sueña libre/ Trinidad revienta el Banco de Inglaterra”, anteceden,
a modo de cita, al conjunto de quince poemas o partes que conforman Una paz europea, del asturiano Fruela
Fernández (Langreo, 1982).
Estos versos del pintor, crítico de
arte y escritor británico, así tomados aisladamente, en apariencia, poco o nada
tendrían que ver con la obra que nos ocupa, Una paz europea. Sin
embargo, nada más alejado de la realidad: esas líneas corresponden a uno de los
textos de Un séptimo hombre, “un
libro de imágenes y palabras sobre la experiencia de los trabajadores
emigrantes en Europa”, según es su subtítulo. Este libro apareció
originalmente en 1974, “hecho” por: Sven Blomberg, pintor; Richard Hollis,
diseñador; Jean Mohr, fotógrafo, y el propio John Berger. En 2002, aparece la
versión en español, a cargo de Eugenio Viejo, publicada por Huerga y Fierro. La
explicación a tan singular título viene en el primer texto del álbum, el poema
de Attila József, El séptimo, pero
viene también, sobre todo, en el segundo, un párrafo que copiamos íntegramente:
“En Alemania (y en Gran Bretaña) uno
de cada siete trabajadores manuales es emigrante. En Francia, Suiza y Bélgica
alrededor del 25% de la mano de obra industrial la forman extranjeros.”
Otros versos,
ya en la página 17, “No es posible la
paz/ mientras algún estado/ pueda adquirir a otro/ por herencia/ cambio/ o
donación”, adaptación del punto 2 de la breve pero impensablemente
adelantada y vigente obra de Kant, La
paz perpetua, de 1795, terminan de darnos el marco, los parámetros y la
motivación suficiente para adentrarnos en la lectura de estas escuetas 45
páginas.
Así, lo que vamos a encontrar en Una paz europea es una poliédrica reflexión,
desde la experiencia propia y familiar, sobre el fenómeno que generalmente
conocemos como “emigración” a lo largo de las últimas décadas en Europa, y sus
causas y repercusiones económicas, sociales, políticas y culturales, y cómo
éstas han marcado y marcan a las personas, a las familias, a los pueblos. A otro nivel, se insiste en la
idea del desequilibrio entre los países del norte, más industrializados y
necesitados de mano de obra, y los países del sur, necesitados de trabajo. El
ajuste puntual y transitorio de esas dos “necesidades” es lo que, en irónica
propuesta, entendemos aquí como “paz europea”.
Una paz europea se editó a principios de este año en
Pre-Textos, Poesía, tras obtener el último Premio “Villa de Cox” (Alicante). Es
la tercera obra poética que publica F. Fernández (Círculos, KRK, 2001 y Folk, Pre-Textos,
2013), que trabaja como profesor en la Universidad de Newcastle y ha centrado
gran parte de su labor literaria en la traducción del alemán, inglés y francés
de un gran número de poetas europeos: H. von Hofmannsthal, M. Louise Kashnitz,
Kevin Venneman, Patrick Kavanagh, Georges Rodenbach o Kafka, entre otros. A pesar de lo expuesto y pese al título, y aunque no
está exento de una marcada preocupación social, el libro quiere huir de lo
trascendental o lo ambicioso, y de lo meramente reivindicativo. En realidad, el
autor va intencionadamente hacia lo más personal: sus vivencias como expatriado
(el libro está escrito a lo largo de 3 años entre Langreo y las ciudades
británicas Hull, Leeds y Newcastle), su
familia de emigrantes y exiliados, su pasado y el de sus antepasados (“Treinta quilómetros en trescientos años,/
como si lleváramos el valle a cuestas”, página 11), su habla y sus raíces
(son muy numerosos los términos de léxico asturiano y de topónimos del concejo
de Langreo); y algunas experiencias duras, seguro que imborrables por mucho
tiempo, y los aprendizajes que inevitablemente conforman su bagaje cultural y
vital. Alguna pregunta no explícita parece sobreentenderse bastante antes de
terminar la lectura: “¿Qué ha cambiado en este ámbito desde que sus abuelos
emigraron tras la guerra?”. Con
anterioridad, en la página 13, leíamos: “Mi
exilio y tu éxodo no caben en una cama de noventa”.
Es, por
tanto, un libro de memorias, de la propia y de la colectiva de una familia,
como tantas, de tradición emigrante, y son esas memorias el hilo conductor de la
historia de viajes y regresos, nostalgias y reencuentros que se va desgranando
a lo largo de las quince escenas descritas los poemas. El primero de ellos, por
ejemplo, nos encuadra perfectamente en el escenario principal de esa historia:
el valle de Langreo (“Por la parte de
Paxumal…”), nos presenta a los personajes, el narrador y su abuelo, y nos
pone en situación: un diálogo intergeneracional (“Mi abuelo saca dos sillas de
la chabola. Sabes tú que nun soy de muchu
charrar, pero le gusta que nos sentemos fuera…”). El último nos lleva a la Plaça del milicia desconegut, hoy Plaça de Sant Josep Oriol, en Barcelona, a
ver cómo han cambiado las cosas en ese espacio desde 1936 (“Ahora a la guerra
de clase la llaman turismo, la llaman
movilidad.”).
Septiembre de 2016.
lunes, 8 de agosto de 2016
ESCRITO EN LA NADA
Quiero un poema que no diga nada
Y que no hable de nadie, o de
cualquiera;
Que no dé cuenta de la primavera
O la pasión que enciende una mirada.
Y que esté en todas partes, y en
ninguna,
Y que nadie leer ni oír pudiera.
Yo no sé qué poema, o qué quimera
Quiero: perro ladrándole a la luna.
Repudio el son de las caligrafías,
La voz que significa mucho o cuánto,
Y pone límites al infinito.
Temblor del alma, rosa de los días,
Busco, y no sé por qué lo busco tanto,
Un poema que esté en la nada escrito.
domingo, 19 de junio de 2016
JOSÉ ÁNGEL VALENTE: LA FASCINACIÓN DEL ENIGMA
Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema habría de retener aún de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma.
Éste es el comienzo de "Cómo se pinta un dragón", el texto introductorio de Obra poética 2. Material Memoria (1977-1992), de José Ángel Valente. De esta antología, una pequeña muestra:
.
CINCUENTENARIO
En mi cincuenta aniversario,
sólo o mientras se oía
el piano de Thelonios Monk mojado por la lluvia,
tuve dolor costal y fuertes calenturas,
coloqué como pude un pétalo en el ojo
izquierdo,
saqué brillo al derecho y fuerzas de miseria
y en posición marcial saludé a las modestas
señales del futuro.
(Mandorla, 1982)
XXXIII
Ya te acercas otoño con caballos heridos,
con ríos que rebasan el caudal de sus aguas,
con sumergidos párpados y vientres sumergidos,
con jardines que bajan descalzos hasta el mar.
Ya llegas con tambores enormes de tiniebla,
con largos lienzos húmedos y manos olvidadas,
con hilos que deshacen en aire la montaña,
con lentas galerías y espejos empañados,
con ecos que aún ocultan lo que ha de ser su voz.
Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros
desciende oscuro al fondo de tu luz.
(El Fulgor, 1984)
.
CINCUENTENARIO
En mi cincuenta aniversario,
sólo o mientras se oía
el piano de Thelonios Monk mojado por la lluvia,
tuve dolor costal y fuertes calenturas,
coloqué como pude un pétalo en el ojo
izquierdo,
saqué brillo al derecho y fuerzas de miseria
y en posición marcial saludé a las modestas
señales del futuro.
(Mandorla, 1982)
XXXIII
Ya te acercas otoño con caballos heridos,
con ríos que rebasan el caudal de sus aguas,
con sumergidos párpados y vientres sumergidos,
con jardines que bajan descalzos hasta el mar.
Ya llegas con tambores enormes de tiniebla,
con largos lienzos húmedos y manos olvidadas,
con hilos que deshacen en aire la montaña,
con lentas galerías y espejos empañados,
con ecos que aún ocultan lo que ha de ser su voz.
Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros
desciende oscuro al fondo de tu luz.
(El Fulgor, 1984)
domingo, 3 de abril de 2016
lunes, 11 de enero de 2016
domingo, 13 de diciembre de 2015
CANICAS en la ANTOLOGÍA DE JUEGOS DE LA INFANCIA "ANTÓN PIRULERO"
Recientemente publicada por AMUNI (Asociación de Amigos del Museo Pedagógico y del Niño) y la Diputación de Albacete, bajo la coordinación de Pilar Geraldo Denia, esta Antología de juego de la infnacia "Antón Pilrulero", reúne poemas con esa temática de más de cien poetas españoles vivos.
Mi contribución es este "Canicas", que me lleva, treinta y siete años atrás, a mi primer curso de BUP en el Instituto de Casas Ibáñez (Albacete) -hoy IES "Bonifacio Sotos"-, cuando estaba en el edificio viejo de la carretera de Alcalá del Júcar.
CANICAS
(Curso
1978-79)
Estoy estableciendo con las manos
medidas y distancias
entre el aire frío y la tierra húmeda,
en la tensión y el golpe
que ha de dejar la bola
justo ahí, a un palmo del gua.
Estoy estableciendo en el oído
minutos y distancias,
sobre el vocerío del patio,
entre el impacto del cristal
y el timbre que señala
el final del recreo.
Estoy estableciendo en la memoria
distancias y distancias
entre el tiempo y la nada, entre mis años
de ahora y el deseo, siempre vivo,
de una partida más,
aquel invierno, único y dorado.
Valentín Carcelén,
Albacete, 31 de
marzo de 2015.
sábado, 28 de noviembre de 2015
sábado, 24 de octubre de 2015
lunes, 12 de octubre de 2015
RESEÑA DE "DI, REALIDAD" (RAFAEL FOMBELLIDA) EN LA REVISTA VÍSPERAS.
DI, REALIDAD
Rafael Fombellida
CALLE DEL AIRE, 135, RENACIMIENTO
Sevilla, 2015
Di, realidad, séptima entrega poética, tras la colección de
haikus Montaña roja y la antología La
propia voz, de Rafael Fombellida (Torrelavega,
Cantabria, 1959) fue publicado el pasado mes de marzo por la casa sevillana
Renacimiento en su colección Calle del aire. El formato de esta colección es especialmente apropiado para este
libro, ya que su amplitud permite que la longitud de los versos y la extensión
de los 30 poemas se ajusten con bastante exactitud al ancho de página, en el
caso de los versos, y al uso de dos páginas en el caso de los poemas, de manera
que sólo tres versos en el poema UNA CABEZA CANSADA (página 19) y otros tres en
SAN SILVESTRE EN EL PRATER (p. 23) son más largos que la anchura de la página,
y sólo el poema SINE SOLE SILEO (p. 57)
tiene menos de los 24 versos que caben en una página. Esta uniformidad y esta
inusual adaptación al formato de la colección, ya de por sí cuidada en diseño y
calidad, confieren al volumen, por dentro y por fuera, un atractivo digno de
referencia.
Dentro,
ya en una primera lectura, desde los primeros poemas, tres aspectos nos atraen
la atención. El primero es formal: Di, realidad es, en primer lugar, un canto al lenguaje, mimado hasta el extremo
tanto en la sintaxis como, y sobre todo, en el léxico, riquísimo y preciso. No
menos cuidada es la métrica, que resulta perfecta; predominan alejandrinos,
endecasílabos y heptasílabos, pero son también frecuentes los versículos que
encadenan, no dos si no tres hemistiquios, incluyendo algún endecasílabo (“de
la sala de espera,/ Maquilladas y lábiles,/ se fijaban en mí sin disimulo”, de
ODISEO EN EL BÁLTICO, página 14). El segundo aspecto es la atmósfera otoñal, de
paisaje centroeuropeo o nórdico y luz crepuscular o auroral, que envuelve a la
mayoría de los poemas. A pesar de estar escrito en español, no parece, desde
luego, la obra de un autor español; nos recuerda más bien, por esa atmósfera y
por ciertos temas a Heaney, o a Larkin, entre otros, y acaso esto no sea
azaroso, pues de este último toma Fombellida el título de uno de sus poemas
emblemáticos, WILD OATS, para el decimoctavo
poema de este libro, AVENA SALVAJE (página 43). Y mucho del gran poeta inglés
tienen también otros textos; RONDA DE LOBOS (p. 41), por ejemplo, resume por sí
solo algunos de los asuntos que frecuentaba el último Larkin: la soledad, el
alcohol y la conciencia de la muerte. El tercero de los aspectos es el
deliberado escaso interés por el lirismo, que no por la emoción, acompañado por
una pesada carga narrativa y descriptiva, que hace que la mayoría de los poemas
sean historias o trozos de historias, y que, leyéndolos, los podamos ver
clara y detalladamente como si fueran películas.
Afirma
Gamoneda –y lo ha hecho en innumerables ocasiones, en entrevistas, lecturas y
en cuantos actos públicos ha intervenido en los últimos años- que la poesía no
es literatura. En una entrevista publicada en El País en 2007, tras ser galardonado con el Cervantes lo
decía así: “La literatura está en la ficción, (…), pero la poesía es una realidad
en sí misma. La poesía no es literatura. Contiene nuestros goces y nuestros
sufrimientos, y esa relación con la existencia le da un carácter que va más
allá de los géneros”. No está en nuestro
ánimo contradecir al Cervantes 2006 ni mucho menos abrir un debate –otro más-
sobre qué es literatura, qué no, qué es poesía, qué no, e intentar trazar la
delgadísima, acaso imposible, línea que marque incontestablemente la inviolable
frontera entre los distintos géneros literarios. Pero a estas alturas no es
fácil aceptar que “la poesía no es literatura” porque “la literatura está en la
ficción”. Está claro que poesía, literatura y ficción son cosas distintas,
pero, ¿son necesariamente excluyentes? ¿Hemos de admitir sin más que un texto
no puede ser poético y literario a la vez? ¿No puede un poema contar historias
de ficción? Y, si es así, ¿deja de llamarse “poema”?
Parece
que con Di, realidad, Fombellida se
hubiera planteado responder esas preguntas para demostrar que esos términos no
son excluyentes ni contrapuestos, y que un poema puede ser de ficción y ser
calificado como literario sin perder su carácter poético. Y como muestra,
BALADA DE UNO QUE MIRA EL PRUT (p. 31), terrible microrrelato bélico, basado
posiblemente en una batalla de la 2ª Ofensiva de Jassy-Kishinev, en la II
Guerra Mundial, cuyos primeros versos son un alarde de técnica poética y
recursos literarios, repleto de imágenes y sonoridad, con lúcidas aliteraciones
en versos 4 (“El río silabeaba una balada”) y 9 (“Siguió abriendo en canal el
lecho helado”). No quisiéramos terminar sin mencionar, de entre las muchas
imágenes que brillan en estas 67 páginas, una, expresiva, gráfica como pocas,
del último poema, EL CIELO NO TIENE HORIZONTES, versos 4 a 6: “… Las estrellas
cintilan/ tímidas, expirantes como el hálito/ de un anciano intubado…” Y un
poema, LA LEY DEL RÍO (p. 58), evocador y emotivo, tan delicioso y bucólico al
principio como duro y doloroso al final. Sólo por la posibilidad de encontrar
un texto como éste, vale la pena leer, de vez en cuando, un libro de poemas.
lunes, 24 de agosto de 2015
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